Gobierno de Chile / Flickr / CC BY 2.0

Las relaciones de América Latina y China y de Chile y China cambiaron radicalmente entre 2000 y 2015. Las exportaciones a China de América Latina pasaron de 6 mil millones a 140 mil millones de dólares, 23 veces entre esos años, cifras raramente vistas en el comercio internacional. Los efectos han sido sustanciales. Por una parte, ha crecido la autonomía de América latina en el mundo, adquiriendo más espacio para diversificar sus relaciones económicas internacionales y disminuir la dependencia de Estados Unidos. Por otro lado, los ingresos crecientes por las exportaciones de productos naturales han permitido destinar importantes fondos a la política social y con ello reducir la pobreza y mejorar la red de protección social. Pero también tuvieron un efecto colateral adverso, la falta de previsión del término del súper ciclo de precios de materiales energía y alimentos generó una situación económica y política crítica y retardó los cambios imprescindibles en la estructura productiva.

¿Cómo serán las relaciones en 2030? La reciente visita del presidente Xi es una señal de interés persistente de China en América Latina. Ella ocurre al inicio de lo que puede ser una nueva etapa.  Hay nuevos retos para  ambos: a) En China, reformas para ajustarse a un crecimiento más pausado y reducir desequilibrios,  b) En America Latina, el término del súper ciclo de precios de recursos naturales y necesidad de reformas políticas y productivas, c) A nivel mundial, desplazamiento de poder de Occidente hacia Asia, y preeminencia de desafíos globales que exigen colaboración.

Desde nuestra perspectiva, China continuará siendo un motor de la economía mundial, aunque a un ritmo menor que en el pasado. Ello permitirá a América Latina balancear mejor sus relaciones económicas con Estados Unidos. Un posible aislacionismo norteamericano empujará a una mayor diversificación de las relaciones internacionales de los países latinoamericanos y abrirá más oportunidades para intercambios con China y Asia.  Los latinoamericanos deberemos estar atentos al proceso de reformas en China, a la expansión de su consumo interno, a los temas de endeudamiento y gestión de las empresas estatales, también a la grave contaminación de sus ciudades, mientras acontece una continua urbanización. No son temas fáciles de resolver. Por otro lado, debemos hacer un seguimiento de sus avances hacia la innovación, la ciencia, tecnología y sus recursos humanos. Todo parece indicar que China entrará en una nueva etapa de innovación tecnológica y expansión económica. Su plan de infraestructura, el llamado “One Belt One Road” que abarca desde las costas chinas del Pacífico hasta Europa, por tierra y mar, constituye uno de los programas de infraestructura más potentes de la historia. Asimismo, en las áreas industriales y de servicio se aprecia un avance claro, en telemedicina, comercio digital (las cifras de Alibaba sorprenden, baste ver cómo ha crecido el correo de paquetes a Chile), vehículos eléctricos, energía renovable, ferrocarriles levitantes,  almacenamiento energético  y comunicaciones.

En su visita de 2015, el PM Li Kequiang dibujó en CEPAL el programa chino 3×3 con America Latina: red (logística, energía e informática), financiamiento (créditos, seguros y fondos) y sociedad (gobierno, empresas, organizaciones sociales). Para América Latina se presentan espacios de oportunidad  valiosos. Su materialización dependerá de si las empresas chinas invierten, se instalan y asocian en la región, creando valor agregado y cadenas productivas. Y también de la capacidad e inteligencia de empresas y gobiernos latinoamericanos para anticiparse, conocer más a fondo a China, invertir en ese país, formar personas que conozcan y hablen chino.

Por su parte, América Latina ofrece al mundo un conjunto de ventajas indudables.  Es una zona de paz y  es una zona democrática. Ambos rasgos le otorgan un atractivo importante para la democracia, el desarrollo económico y la seguridad. Posee valiosos recursos naturales que, bien manejados, en el sentido de retener y destinar parte importante del excedente para invertir en tecnología, inclusión social y medio ambiente, los convierte en una palanca para una diversificación de la estructura y el avance en la productividad.  Sin embargo, la situación actual y de los próximos años asoma con crecimiento lento, tensión política y polarización. Subsiste un alto nivel de pobreza, en promedio del 28%, desigualdad, y una base productiva de escasa sofisticación tecnológica. Para encarar estos retos, América Latina y Chile deben ingresar a un nuevo ciclo en su desarrollo.

Tres ejes deberán enrumbar las estrategias de desarrollo. Primero, reformas políticas e institucionales, que habiliten a la ciudadanía a una creciente participación para el fortalecimiento democrático,  incluyendo más transparencia, lucha contra la corrupción y,  en algunos países, una suficiente capacidad del Estado para garantizar el orden público, combatir la criminalidad y la droga. El segundo desafío es intensificar la inclusión social, con énfasis en educación, salud, espacios públicos y seguridad ciudadana.  Y el tercer eje es elevar la capacidad de innovar y emprender,  la formación técnica,  incrementar la inversión en ciencia y tecnología, con énfasis en sostenibilidad medio ambiental y tecnologías verde. Y con ello cambiar la estructura productiva.

La integración latinoamericana sigue muy retrasada y su avance es esencial para conseguir éxito en el nuevo contexto global. La tarea más urgente es materializar proyectos de infraestructura que conecten nuestros países en transporte, energía, telecomunicaciones. Ello hará posible elevar el número de empresas multilatinas, investigaciones conjuntas, proyectos sociales y culturales. Este es un campo de alta importancia en la colaboración con China, país que ha adquirido grandes capacidades en esta materia.

¿Qué campos de interés se destacan para el desarrollo futuro de las relaciones entre China y Chile?

 Otras áreas específicas de interés estratégico para Chile en su relación con China, donde aspiramos a lograr desarrollo científico y tecnológico ligado, son:

  • minería,
  • alimentos (agricultura, pecuarios, acuicultura),
  • silvicultura y madera para la construcción,
  • infraestructura para conectividad física y digital, tanto nacional como internacional, con América del Sur y Asia (portuaria y logística),
  • energía solar,
  • agua, en particular desalinización,
  • turismo de intereses especiales,
  • astronomía,
  • espacio antártico.

Sin duda, en estas materias tenemos que explorar qué empresas chinas pueden instalarse en América Latina, apoyando la formación de cadenas de valor, y cuáles  multilatinas son capaces de  extender su inversión al mercado chino, y desde allí mejorar su conocimiento de ese mercado y los demás de Asia.

La urbanización de China, y también de India, y la demanda de sus capas medias, elevarán el consumo de alimentos y minerales. Pero en la nueva fase de relaciones, estos recursos naturales que hoy representan el 70% de las exportaciones de América Latina deberán ser más elaborados. Esperamos que la profundización del acuerdo de libre comercio entre China y Chile, y con otros países de ALC, favorezca inversiones con tecnologías avanzadas.

Mirando al futuro, Chile ha iniciado conversaciones para elaborar un proyecto de cable de fibra óptica por el Pacifico sur. Además, el desarrollo de Chile y la integración de América Latina necesitarán más conectividad física y digital, y en ello China posee una creciente capacidad para elaborar proyectos. Un ejemplo es la posible participación  de empresas chinas en la construcción del túnel de Agua Negra en la región de Coquimbo para conectar con San Juan, en Argentina. El comercio digital crecerá exponencialmente y empresas como Alibaba, así lo revelan. Igualmente promisorio es el sector financiero. Ya se ha instalado en Chile una filial del banco Chino de la Construcción para actuar también como “clearing house” manejando el intercambio en RMB moneda internacional empleada también por el FMI.

Para desplegar una relación más potente, es indispensable que América latina conozca en profundidad la realidad china.  El aprendizaje de chino mandarín, que promovimos desde 2005 en un acuerdo entre los ministerios de educación, así como la presencia en China de estudiantes,  empresarios, científicos y artistas latinoamericanos contribuirá a conocer mejor la cultura, los mercados, los intereses de consumidores, empresarios, científicos y profesionales chinos, para asi innovar juntos en el futuro. Debemos realizar un seguimiento de la evolución de la sociedad China, sus aspiraciones, conflictos y su evolución política. Los vínculos y redes entre centros de estudio y universidades de China y América Latina permitirán intensificar las relaciones y la amistad. Es valiosa la creación en Chile de una filial de la editorial de la Academia de Ciencias Sociales de China para difundir en español obras de autores chinos y viceversa.

También es indispensable explorar las coincidencias en materia de política internacional. Un eventual proceso aislacionista de Estados Unidos exige abrir un espacio mayor para las relaciones a través del Pacífico. Si el TPP se retarda o cancela, avanzará el Acuerdo de Libre Comercio del Asia Pacífico. Nos interesa ser observadores tanto de ASEAN +6 y del RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership). La opción para América Latina es la apertura global regulada con normas claras.

También hay coincidencias en cuanto al fortalecimiento de los organismos multilaterales, la reforma de las organizaciones internacionales, la defensa del medio ambiente y en general la colaboración para la gobernabilidad y la paz al mundo. En estas materias también América Latina debe desarrollar entendimientos con China. El anuncio de los presidentes Bachelet y Xi de dar paso a una alianza estratégica integral revela esta voluntad entre Chile y China.

En suma, hay oportunidades sustanciales.  La clave está en estudiarlas seriamente y actuar a tiempo.