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¿Puede tener el conflicto político en Venezuela un final pacífico?

File Photo: Oscar CC BY-SA 4.0. File Photo: Oscar CC BY-SA 4.0.

Casi un mes después de que el líder de la oposición venezolana Juan Guaidó asumiera el papel de presidente interino bajo la constitución, los superpoderes globales siguen divididos sobre si reconocerlo a él o a Nicolás Maduro, quien permanece en el cargo después de una elección defectuosa el año pasado gracias en gran parte al apoyo de los militares, como presidente de Venezuela. Rusia, China, Turquía y otras naciones mantienen su respaldo a Maduro, mientras que la mayor parte de América Latina, Estados Unidos, Canadá y gran parte de Europa apoyan a Guaidó. Otros, como México, se han comprometidoen a permanecer neutrales. La Unión Europea está estableciendo un “grupo de contacto internacional” para mediar la crisis venezolana. ¿De qué manera podría llevarse a cabo la mediación para obtener un final pacífico al enfrentamiento? ¿Qué tan probable es que ocurra un derramamiento de sangre a gran escala, una guerra civil o una intervención militar internacional en las próximas semanas? ¿Cuáles son las posibilidades de que China o Rusia, cada una con miles de millones de dólares invertidos en Venezuela, cambien de lealtad y trabajen con Guaidó? ¿Qué desarrollos podrían romper la unidad de las naciones occidentales al respecto?

Sergio Bitar, miembro senior no residente del Diálogo Interamericano y presidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia: “Por primera vez, existe una sólida convergencia entre los grupos de oposición y los partidos venezolanos y las fuerzas democráticas internacionales con respecto a la necesidad de la rápida salida de Maduro. El sufrimiento al que somete a su pueblo, la erosión de la democracia, la destrucción económica y la crisis humanitaria son razones más que suficientes para actuar. Une también a estas fuerzas democráticas la estrategia expuesta por Guiadó: una salida pacífica, un gobierno de transición corto y la convocatoria a elecciones libres. Donde el peligro acecha está en la forma en que se provoca esa salida. Todas las transiciones muestran que el éxito de la restauración democrática depende de cómo ocurra ese cambio. Un acción violenta no conduciría a una transición pacífica posterior. Ahí radica el peligro de las amenazas de una intervención militar de la administración Trump. Ningún gobierno latinoamericano enviará sus militares a Venezuela. Provocaría la división de las fuerzas democráticas que apoyan el cambio, podría fortalecer a Maduro y socavaría los cimientos de un gobierno de transición y su capacidad para actuar. Un gobierno democrático nacido de la intervención externa estaría condenado al fracaso. Se interrumpiría la convergencia interna y externa. Y despertaría el nacionalismo y la unidad en las fuerzas armadas, evitaría la formación de un gobierno amplio y, peor, podría desencadenar la transformación de “colectivos” en grupos armados de oposición. Aunque Maduro puede resistir y retrasar su salida, el mejor camino a seguir es el que define la Asamblea Nacional: movilización social activa, un llamado a todos los sectores, incluidos los disidentes del chavismo, a participar en un gobierno de transición, garantía para las fuerzas armadas, y la convicción de que un futuro mejor llegará pronto. La impaciencia es un mal consejero.”

Abraham F. Lowenthal, profesor emérito de la Universidad del Sur de California y director fundador del Diálogo Interamericano y el Programa de América Latina del Centro Wilson: “Juan Guaidó ha generado rápidamente un entusiasmo impresionante en Venezuela y ha obtenido reconocimiento internacional de los gobiernos de los Estados Unidos, Canadá, y la mayoría de los países sudamericanos y europeos. Hasta ahora, sin embargo, no controla ningún territorio, no manda fuerzas militares o de seguridad, y no tiene una autoridad efectiva, ni un prospecto clarao para obtenerlos. El gobierno de Donald Trump busca resolver este doble impasse de “gobierno” administrando la asistencia humanitaria internacional y con sanciones financieras específicas para dividir a las fuerzas armadas y así derrocar al régimen autoritario encabezado por Nicolás Maduro. Pero esta audaz intervención puede fallar, ya que Maduro y / u otros oficiales pueden movilizar el sentimiento popular y las actitudes militares para resistir la imposición extranjera. Incluso si las fuerzas armadas venezolanas se dividen, la polarización podría generar un conflicto sangriento y prolongado. Los Estados Unidos serían dueños de las consecuencias no deseadas de un golpe de estado instigado por ellos. Ha llegado el momento de que la comunidad internacional aliente y facilite negociaciones tranquilas, serias, urgentes y efectivas entre los venezolanos, con la participación de altos representantes del régimen de Maduro, la oposición política democrática, el sector económico privado y las organizaciones de la sociedad civil. Los términos de referencia de estas negociaciones deben ser establecer un gobierno interino aceptable para las partes negociadoras para emprender las reformas políticas y las medidas económicas necesarias para establecer un rumbo prometedor para Venezuela, y luego organizar elecciones libres, justas, creíbles y supervisadas internacionalmente. Los acuerdos amplios, aceptables para todos los participantes clave, deberían elaborarse con respecto al restablecimiento de la autoridad en la Asamblea Nacional y la credibilidad imparcial ante el poder judicial; establecer procesos de justicia transicional que posibiliten la tolerancia mutua y eviten la venganza; esbozar garantías para respetar los intereses institucionales fundamentales de las fuerzas armadas; liberar a los presos políticos; y proporcionar condiciones de apoyo para la reconstrucción económica de un país destrozado. Esta visión será rechazada como fantasía por algunos, pero la historia de las transiciones del gobiernos autoritarios y excluyentes hacia la democracia en Chile, Brasil, España, Polonia, Sudáfrica y otros países es instructiva. Transiciones exitosas que parecían inimaginables se lograron cuando los elementos clave de ambas partes llegaron a aceptar que las negociaciones y las concesiones mutuas eran tanto necesarias como posibles, como lo son hoy en Venezuela.”

Evan Ellis, profesor de investigación de América Latina en el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de los Estados Unidos: “La mediación ha sido utilizada repetidamente en los últimos años por el régimen de Maduro, al enfrentar un serio desafío, para ganar tiempo, dividir a la oposición y dispersar a los manifestantes. El gobierno de Guaidó, constitucionalmente legítimo, ha demostrado que esta vez no entretendrá tales tácticas. La postura de Europa, al dar esperanza a los cómplices criminales de Maduro, solo retrasa su decisión de abandonarlo, lo que aumenta la probabilidad de caos y derramamiento de sangre en ese sentido. China ha apoyado tímidamente a Maduro, pero está negociando con ambas partes para proteger sus intereses. Probablemente entienda que el triunfo de Guaidó favorecería los intereses chinos a través de la gestión profesional competente de PDVSA y la economía y el fin de las sanciones, pero puede ser demasiado reacio a abandonar a Maduro y buscar esos beneficios hasta que sea completamente seguro y, por lo tanto, demasiado tarde. La mayoría de los miembros del ejército venezolano quieren que Maduro se vaya, pero están paralizados por el temor de su liderazgo corrupto y los supervisores cubanos. Si bien su falta de acción es decepcionante, el presidente Guaidó aparentemente ha retrasado la búsqueda de asistencia militar extranjera (que es su derecho soberano), debido a las consecuencias en vidas y percepciones. Al esperar, aunque la prensa no lo entiende, el tiempo está del lado de Guaidó mientras se cierra el círculo del consenso internacional, y la camarilla criminal de Maduro queda aislada de su dinero. Lamentablemente, ese final demorado probablemente no será una historia en la que las unidades militares venezolanas recuperan su honor y salvan la democracia, sino en la que un trágico desenlace con un ejército en desintegración, ‘colectivos’, cubanos y criminales como las FARC y el ELN luchando todos contra todos por los restos del antaño rico petroestado de la región.”

Bartłomiej Znojek, analista para América Latina del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales (PISM): “Lanzado el 7 de febrero en Montevideo, el grupo de contacto internacional de la Unión Europea (ICG) tiene como objetivo facilitar un proceso democrático basado en condiciones, pacífico e inclusivo para superar la crisis venezolana. El objetivo es evitar la escalada militar y ayudar a allanar el camino hacia una elección presidencial libre y creíble. Los miembros de ICG no quieren llamarlo un esfuerzo de mediación para evitar comparaciones con los intentos de diálogo fallidos hasta ahora. También establecieron un plazo de 90 días para evaluar las opciones y generar confianza entre los principales interesados venezolanos, para que opten por las negociaciones. Un desafío principal para ICG es el elevado nivel de desconfianza mutua entre el gobierno y la oposición. Todavía se desconoce qué puede hacer, si acaso, que Maduro acepte un proceso democrático que sea verificable internacionalmente. Una postura dura, liderada por los Estados Unidos, ha alimentado su determinación de aferrarse al poder, posiblemente porque confía en tener la lealtad del ejército y suficiente apoyo de unos pocos aliados internacionales, en particular China y Rusia. La Unión Europea se opone a una escalada militar y mantiene sanciones específicas. Sin embargo, el ICG está limitado a solo varios miembros de la Unión Europea, y no hay unidad en el bloque sobre cómo lidiar con la crisis de Venezuela. La mayoría de sus miembros más grandes (Francia, Alemania, España y el Reino Unido) reconocen a Guaidó. Al igual que Polonia, que está cerca de la situación como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Según los informes, Italia fue el principal obstáculo para un consenso de la UE en la materia, aunque sí participa en el ICG.”

Nota del editor: Con agradecimiento reconocemos a El Heraldo de Mexico por su colaboración para que el contenido anterior esté disponible en español.

 

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