Las protestas en América Latina

El Washington Post

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, habló con Juan Carlos Iragorri, Dori Toribio y Jorge Espinosa en el podcast en español de The Washington Post sobre las protestas de 2019 y el descontento en gran parte de la región.

COMENTARIOS DE MICHAEL SHIFTER:

¿Porque hay un descontento general en la región?

“Cada caso [de protestas] es distinta y es riesgoso generalizar, pero una cosa que podemos decir es que la situación económica es muy mala en la región. No ha crecido ni un por ciento en 2019. Y eso obviamente crea mucha presión para los gobiernos que tienen menos espacio fiscal para gastar [especialmente porque] la gente tiene más demandas que nunca. Creo que eso aplica a todos los países. Y otra cosa muy importante es todo el descrédito de los partidos políticos y liderazgo político, el ‘establishment’ político en la región. Es muy marcado en América Latina. Está totalmente desconectado de la sociedad y está en su propio mundo – hay una brecha. Entonces hay mucho malestar y descontento, hay expectativas altas [de la población], y hay una incapacidad de responder a los grandes desafíos. Eso generar mucha rabia y frustración que se expresa cada vez más en las protestas callejeras”.

Es verdad que América Latina es la zona del mundo con mayores desigualdades. Sin embargo, ¿por qué en Colombia, si es un país en el cual su economía va a crecer este año por encima del 3 a 4 por ciento, hay tantas protestas entonces?

“[Colombia] ha tenido un proceso de paz que ha dividido [el país]. [Colombia] está totalmente polarizada por ese tema. Creo que hay mucho descontento sobre cómo el gobierno actual de Iván Duque está manejando ese proceso. Ha habido asesinatos de líderes sociales en el país. También, aunque [Colombia] tiene crecimiento bastante bueno en términos regionales, tiene niveles muy altos de desigualdad. Los sistemas de educación, de salud y de infraestructura no están avanzando mucho a pesar del crecimiento de la sociedad. Entonces, es muy complicado y la gente está reclamando una mayor respuesta del gobierno de Iván Duque. Pero Colombia fue un país de conflicto por muchos años y hubo un acuerdo de paz hace tres años [con el cual] ahí hay mucho descontento porque [el gobierno] no está cumpliendo con algunos de los acuerdos”.

¿Qué lectura le da a la crisis de Chile? ¿Por qué fue tan sorpresivo?

“Nadie sabía que eso iba a pasar. Todo el mundo sabía dos cosas de Chile por mucho tiempo. Primero, que [Chile] tenía un problema con el reto de la desigualdad. Las cifres mostraron eso, y podrías decir que ha mejorado un poco [gracias al crecimiento de la economía] pero la desigualdad sigue siendo un problema. Segundo, y creo que es fundamental, es que había una crisis del “political establishment”. Yo recuerdo que toda mi vida, el país que tenía las estructuras políticas más solidas y corrientes fueron los chilenos. Y en los últimos años [esas estructuras] han estado empeorando y hay poca credibilidad de los partidos políticos. En algún momento, esto fue insostenible. Y la otra cosa en Chile, más que en otros países menos Colombia, es la diferencia entre generaciones. Hay gente que tiene 30 años y no sabe nada sobre la dictadura de Pinochet y [son] los que están en las posiciones de liderazgo para los gobiernos de Piñera, Michelle Bachelet y Ricardo Lagos, eso formó parte de su manera de hacer política. Los jóvenes están en otra cosa. Ese desface en algún momento tenía que explotar. Nadie sabía cuando y que iba a ser violento, lo que fue muy sorprendente para mí”.

Dado que la situación económica en Bolivia no ha sido mala, ¿a usted le pareció extraño que la gente saliera a protestar contra Evo Morales?

“[La situación económica] no ha sido mala, pero es peor hoy que hace un par de años, y la gente la compara. Entonces la tendencia es [pensar] que la economía está empeorando y [eso fue dado a] una falta de contexto. Las protestas fueron masivas, y yo creo que la gente se sintió insultada porque en el referéndum de elecciones en 2016, Evo Morales perdió pero la corte dijo que podría presentarse por un cuarto mandato. Mucha gente no estaba contenta con eso. Y luego, con estas elecciones, todo indicaba que [Evo Morales] no estaba respetando los resultados y que hubo algo [sospechoso] ahí. Obviamente todavía hay un sector que sigue leal a él… pero fue más una cosa de democracia y que él estaba tratando de engañar a la gente. Entonces la gente respondió con estas protestas”.

¿Cómo analiza lo de Ecuador? Lenín Moreno dio un paso atrás y la situación aparentemente se calmó. ¿Cree que en verdad se calmó o que eso va a resucitar el malestar? 

“Hay que subrayar un tema que usted mencionó, que es el papel preocupante de las fuerzas armadas [que se encuentra] en [el caso boliviano, chileno, peruano y ecuatoriano]. Moreno se fue a Guayaquil a una base militar. En todos esos casos, dada la fragilidad política que existe en las instituciones, las fuerzas armadas están asumiendo papeles que no le corresponden. Es una alarma de alerta [para este caso]. Creo que si las cosas se han calmado por un momento, pero la situación en Ecuador no se ha resuelto. El Presidente Moreno ha perdido mucho apoyo y capital político. Hay como un congelamiento de su gobierno – las reformas no están avanzando, tiene problemas en el congreso – entonces hay un tipo de parálisis aunque las calles estén más calmadas”.

Ha habido protestas durante varios meses y años en Venezuela. ¿Qué puede cambiar si sigue habiendo protestas en ese país? ¿Siguieran las protestas en el 2020 o no?

“La mayoría de los venezolanos están pensando en dos opciones: irse del país o quedarse en el país y sobrevivir. Estamos hablando de mucha gente que está muriendo hambre, y si se están muriendo de hambre, no tienen tiempo para salir y protestar, o si salen solamente pueden salir una vez. No pueden sostener unas protestas en la calle si no tienen con que comer. Eso es porque la situación ha bajado un poco. La popularidad del señor [Juan] Guaidó, el presidente interino…, ha bajado y la gente está cansada y tiene hambre”.

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