Presidencia Perú / Flickr / CC BY-NC-SA 2.0

La cordialidad del encuentro entre Pedro Pablo Kuczynski y Donald Trump contrasta con la tensión y la incertidumbre que experimentan las relaciones de EE.UU. con América Latina. Aunque la reunión aparentemente salió bien, hay razones para preocuparse.

Como si siguiera la campaña electoral, el primer discurso de Trump ante el Congreso estadounidense estuvo plagado de referencias xenófobas y falsas acusaciones contra los inmigrantes. Sin pruebas, Trump culpa a los inmigrantes latinos, especialmente a los mexicanos, de cometer crímenes y quitar empleos a los locales. Según informes periodísticos, agentes federales han acelerado la expulsión de inmigrantes indocumentados, muchos con varios años de residencia en EE.UU. y sin antecedentes criminales.

Además, Trump culpa al comercio exterior por la pérdida de empleos industriales en EE.UU., ha prometido renegociar el tratado de libre comercio de América del Norte (Nafta), se retiró del TPP y su administración está evaluando ignorar los dictámenes de la Organización Mundial de Comercio para aumentar drásticamente el proteccionismo. Trump también confirmó su intención de construir un muro en la frontera con México, una iniciativa de escasa practicidad que envía un fuerte mensaje negativo a la región. Finalmente, la propuesta de presupuesto de Trump recorta drásticamente los fondos para asistencia internacional, lo que podría resultar en reducciones importantes en los proyectos de cooperación en América Latina y otras partes del mundo. Este discurso y estas acciones dañan la imagen de EE.UU. en la región.

Por ahora no toda América Latina ocupa el rol de chivo expiatorio que el presidente estadounidense le ha adjudicado a su vecino del sur. Kuczynski mismo pareció resaltar las diferencias entre su país y México poco antes de la reunión cuando dijo que “el Perú no exporta delincuentes” y que el comercio bilateral es favorable a EE.UU. en varios miles de millones de dólares. Hasta el momento, Trump tampoco ha dado muestras de querer revisar los acuerdos comerciales bilaterales que tiene EE.UU. con el Perú, Chile, Colombia, Centroamérica y Panamá.

Sin embargo, la región no puede ser complaciente.

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