Este es un extracto de la exposición realizada por Cynthia Loría de Fundación Avina, durante la presentación del libro “Centroamérica en la mira” (Orozco y Yansura 2016) en  Ciudad de Guatemala, el día 15 de marzo del 2016

Los desafíos y oportunidades para la gestión de las migraciones, especialmente las de retorno forzado conforman parte de la agenda de nuestro programa de migraciones en Fundación Avina.

La migración de retorno forzado tiene consecuencias en la sociedad guatemalteca y sus familias. Por ello, requiere de una atención integral que permita a las personas en esta condición incorporarse tanto en el ámbito laboral como social. Las personas retornadas constituyen un grupo vulnerable no solo por su retorno forzado, sino también por la falta de oportunidades, la pobreza o la violencia a la que se han o se ven enfrentadas.

Mujeres y niños indocumentados de Centroamérica esperando en la estación de autobús en McAllen, Texas

Mujeres y niños indocumentados de Centroamérica esperando en la estación de autobús en McAllen, Texas / David Davies

Los retornos forzados no son eventos nuevos, sin embargo, se han incrementado en los últimos años y todas las señales indican que no se detendrán. En el 2014, casi 100,000 migrantes fueron retornados desde EE.UU. y México, y en el 2015 fueron unos 105,000 connacionales guatemaltecos.

Esto debería ser una preocupación nacional por varias razones. En primer lugar por la potencial crisis humanitaria que puede causar. En segundo por su potencial impacto económico: alrededor del 10% del Producto Interno Bruto del país proviene de las remesas que se reciben de los emigrantes.

La difícil situación que enfrentan miles de guatemaltecos que emigran y enfrentan el rechazo de un país de destino que, por soberanía, ha decidido no aceptar más inmigrantes, pone de manifiesto la urgente necesidad de pensar en maneras para gestionar estos flujos humanos, que no dejarán de ocurrir.

Algunos desafíos en la gestión de las migraciones

Guatemala debe escuchar con preocupación la manera en que trata el tema migratorio en la actual campaña electoral de EEUU, principal destino de la población migrante, así como al notable incremento de las deportaciones ocurriendo desde México. Ambas seguirán presentes y seguirán incrementándose, ya que no se trata de una crisis pasajera.

Hasta ahora la atención a las migraciones y retornos forzados por parte del Estado ha sido mínima y enfocada a la atención humanitaria. Sin embargo, al ser la migración un fenómeno multicausal, requiere que se aborde no solo desde el aspecto humanitario sino también desde otros lentos como lo son los económicos y sociales. La migración de retorno ha sido atendida desde un enfoque asistencialista y ha dejado de lado otros temas claves como son las necesidades en generación de empleos, las de seguridad social, o las pensiones. La migración pone en evidencia retos nacionales en el cumplimiento de los derechos básicos laborales, sociales, de salud o educativos. 

También se debe ser realista sobre lo que se demanda al Estado. Sin duda, más allá de lo que podría interpretarse como desinterés político, ha quedado en evidencia que no tiene la capacidad para asumir este reto. La economía actual se sostiene mediante mano de obra poco calificada, poco educada y con una alta informalidad en los mercados laborales. Ésta no es solo una condición única en Guatemala: se estima que solo 20% de la mano de obra de los países del triángulo norte es calificada.

La economía del país se basa en actividades que requieren mano de obra poco calificada como agricultura, maquila, actividades informales y algunos servicios; con ellas no es posible generar más valor y ésta es una de las principales causas de la migración. Por otra parte, la gobernabilidad también hace parte de la crisis. EE.UU. y México han recrudecido sus políticas antiinmigrantes y Guatemala no tiene respuestas para enfrentar esta situación.

Sobre las oportunidades

Es fundamental reconocer estos desafíos para avanzar hacia una articulación de múltiples actores que incluya a los sectores sociales, productivos, empresariales, financieros, de cooperación y otros más. Las alianzas público-privadas son clave para que cada actor, desde cualquiera que sea su competencia, asuma el cómo atender las necesidades de inclusión social y laboral de la población deportada y considere también a aquella, mayoritariamente joven, en riesgo de migrar.

Despertar la conciencia sobre el tema requiere como primer paso cambiar el lenguaje, de manera que se trate la migración como oportunidad y no como problema: la migración como reto económico y humanitario.

Un porcentaje significativo de los migrantes deportados representan un capital humano que retorna con nuevas competencias producto de su experiencia como inmigrantes y además, con se señala en el libro, cuentan con una capacidad de ahorro que puede canalizarse en inversiones en negocios propios o de terceros, además pueden contar con acceso a crédito.

Por otra parte, el espacio que los retornados tienen en las discusiones políticas es casi nulo.  En las cifras nacionales, los migrantes aparecen solamente reflejados en su aporte económico al crecimiento del país producto de la recepción de remesas. La emigración ha sido muy funcional, al menos hasta ahora, ya que alivia la presión social, descarga a los mercados laborales y además produce remesas.

La migración también es un tema de política exterior y una evidencia es el Plan Alianza para la Prosperidad, el cual surge ante el flujo alarmante de niños migrantes no acompañados y ha expuesto el Dr. Orozco.

Si incorporar el tema en el debate político es un gran reto, debe sumársele además las barreras presupuestarias. La institucionalidad guatemalteca que tiene relación con la migración, tiene las manos atadas y cuenta con muy poca o nula capacidad de implementación de los mandatos que les han sido encomendados. Es claro que es simplemente imposible hablar de políticas de inclusión de este grupo vulnerable de la población sin financiamiento. Atendiendo a un abordaje multicausal, se deben promover políticas migratorias conectadas con otras políticas como la social, económica, laboral, de inversión y fiscal. Muchas de estas aristas son abordadas en el libro de Manuel Orozco y Julia Yansura.

El modelo económico actual es insostenible e insuficiente para generar el crecimiento necesario que contenga la migración. Además, las prioridades de desarrollo y las metas de desarrollo del país parecen no estar alineadas: se necesita hacer crecer la economía, pero no se invierte en educación o salud.

Lastimosamente, la población más productiva se está perdiendo: aquella que cuenta con energía para provocar cambios en el modelo económico.

Si los tomadores de decisión a nivel político interiorizaran estos argumentos, probablemente estarían interesados en tomar ventaja de las características del capital humano que representan los migrantes retornados: cuentan con competencias productivas que está esperando ser aprovechadas social y laboralmente en dentro del sistema. Esto les permitiría a las personas retornadas acceder a una vida decente y además aportar al crecimiento económico de sus comunidades de origen. Existen oportunidades para incorporar la migración en el esquema de desarrollo, como nos presenta este libro, pero se requiere asumir riesgos para analizar cómo integrar a los migrantes retornados en la fuerza laboral y apalancar la dinámica económica de la migración en el desarrollo del país.

Finalmente, les invito a recorrer las páginas de este libro que es un valioso instrumento que nos ayuda a comprender la dinámica migratoria, pero también nos brinda otra perspectiva para abordar las migraciones desde las oportunidades, como lo son el comercio nostálgico, la inclusión financiera o el ahorro.