Educación superior, productividad y competitividad en Iberoamérica – Entrevista con Mariano Jabonero

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¿Cómo incrementar la productividad y la competitividad en un entorno complejo y cambiante? El nuevo informe de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), “Educación superior, productividad y competitividad en Iberoamérica,” busca responder esta pregunta y ofrecer algunas recomendaciones para resolver las brechas existentes. Tuvimos la oportunidad de conversar con Mariano Jabonero, secretario general de la OEI, sobre el nuevo informe y sus implicancias para la región iberoamericana.

A pesar de un crecimiento importante en las tasas de participación en la educación superior en Iberoamérica, los indicadores de productividad en la región siguen estancados. ¿A qué podemos atribuir esta situación? ¿Cuáles son los factores más importantes a considerar?

Más allá de los problemas de competitividad y productividad que presenta Iberoamérica, hay que considerar que el mercado laboral mundial se encuentra en un proceso de continua transformación debido a varias mega-tendencias. En este sentido, para incrementar la productividad y la competitividad, Iberoamérica necesita complementar la inversión en capital humano con mayores esfuerzos en las áreas de innovación, investigación y desarrollo.

Tal como identifica el reciente informe del Instituto iberoamericano para la educación y la productividad de la OEI, “Educación superior, competitividad y productividad en Iberoamérica”, uno de los problemas de la baja productividad en Iberoamérica es la alta informalidad en el mercado de trabajo, que en muchos países es de alrededor del 50 por ciento de los empleados. Esto implica que, si a través de políticas públicas, se pudiera trasladar parte del empleo informal al sector formal, se obtendrían importantes ganancias de productividad agregada.

En este sentido, uno de los factores claves para el aumento de la competitividad y la productividad en la región se debe centrar en encontrar el balance entre adopción y desarrollo de tecnología e inversión en capital humano, a través de una educación de calidad y una formación técnica y de educación superior más pertinente.

Un reto importante que se menciona en el informe es la brecha entre la oferta y la demanda en ciertas carreras universitarias. Por ejemplo, en los países de Iberoamérica casi un tercio de los graduados universitarios ha cursado carreras de administración de empresas y derecho mientras que menos del 5 por ciento de los estudiantes reciben diplomas en el campo de las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs). ¿Qué rol tienen las universidades y/o las empresas en resolver este desequilibrio? ¿Cómo se puede hacer que las carreras del futuro sean más atractivas?

Resulta evidente que la mejora de las habilidades de los estudiantes por parte de las universidades para adaptarlas al mercado laboral es estratégica, ya que esto permitirá crear capacidades que aumenten la productividad de las personas especialmente teniendo en cuenta la actual tecnología y equipos y maquinarias existentes.

Para responder a los retos planteados en las brechas entre oferta y demanda de habilidades, la incorporación de competencias en consonancia con el nuevo entorno laboral debe darse en todas las etapas educativas, incluyendo la educación superior. Para unos resultados positivos, este proceso deberá ser un proceso bidireccional, puesto que las empresas también podrán informar a las universidades de las demandas en el mercado laboral, produciendo retroalimentación y contribuyendo al cambio constante de los currículo.

Son diversos los modelos de enseñanza con los que se puede hacer frente a los retos del futuro:

  • Universidades en línea hacen que la universidad esté disponible para cualquier persona, en cualquier lugar y momento.
  • Modelo de clúster vinculando a la universidad con servicios e instalaciones de múltiples instituciones.
  • Escuela de artes liberales que personalizan la experiencia de la universidad y ofreciendo el desarrollo de la capacidad intelectual por encima de las habilidades técnicas o vocacionales.
  • Modelo de asociación vinculando la universidad con organizaciones externas para asegurar el financiamiento y mejorar las perspectivas de trabajo de los graduados.
  • Instituciones experimentales proporcionan diferentes experiencias para el aprendizaje fuera del aula como prácticas, proyectos y desafíos.

Y todo ello, como vamos defendiendo desde la OEI, considera a la educación superior como una política pública prioritaria imprescindible para la mejora de la productividad y no como una cuestión meramente académica.

Todos estamos viviendo momentos históricos con la pandemia del Covid-19 y los impactos económicos y educativos que ha producido y que seguramente van a continuar aún después de la resolución de la crisis sanitaria inmediata. A su vez, pareciera que hay realmente una oportunidad para no volver a la ‘normalidad’ previa. ¿Qué oportunidades existen para repensar la educación superior y la productividad en Iberoamérica? ¿Qué sectores o habilidades son aún más esenciales en esta nueva realidad?

El impacto del Covid-19 es un claro ejemplo de un fenómeno que implicará la reinvención de muchos trabajadores, y aquellos que tengan mayores capacidades para moverse desde los sectores más negativamente afectados por la pandemia hacia nuevas actividades, serán aquellos que podrán hacer la transición más efectiva en el mercado laboral. Esta situación pone de manifiesto una de las ventajas de poseer habilidades transversales, al ser reutilizables y no estar circunscritas a una profesión en particular.

En este sentido, se presentan grandes retos, y por ese motivo, la apuesta debe ser por una mayor y mejor educación, complementado con mayor colaboración público-privada para crear las condiciones de aumentos de productividad y competitividad, y aprovechando las nuevas tecnologías.

Diversas investigaciones, como la que ha sido presentada por el Instituto de la OEI, demuestran que Iberoamérica no está adecuadamente preparada para la revolución digital al carecer de profesionales con conocimiento y habilidades digitales avanzadas. De ahí la importancia de las habilidades transversales que a diferencia de los conocimientos disciplinares no están especialmente relacionadas a un trabajo, una tarea, un sector, una ocupación o una disciplina académica, sino que pueden ser utilizadas en distintas situaciones y escenarios de trabajo.

Probablemente va a ser muy difícil resolver la problemática de la productividad sin atender el tema de la desigualdad, tanto en las tasas de participación en la educación superior como en los trabajos que consiguen los graduados y los salarios que ganan. ¿Qué se puede hacer no solamente para cerrar la brecha de acceso a la educación superior sino también para garantizar una educación relevante y la adquisición de habilidades transversales para los estudiantes, especialmente aquellos de sectores vulnerables?

A pesar de que los indicadores de educación superior en la región han mostrado una evolución positiva, se debe colocar el foco en la pertinencia de los programas de estudio y la capacidad de las universidades para responder a los retos de la formación en competencias requeridas por el mercado laboral. Como ya se ha señalado, para incrementar la productividad y la competitividad, Iberoamérica necesita complementar la inversión en capital humano con mayores esfuerzos en las áreas de innovación, investigación y desarrollo.

La brecha entre la oferta y la demanda de habilidades requiere una mayor coordinación entre las universidades y las empresas, pero el sector público también juega un papel fundamental puesto que puede proveer incentivos, información y recursos para facilitar esta coordinación. Por ese motivo, resulta de vital importancia añadir competencias conforme con lo demandado por el entorno laboral en todas las etapas educativas, incluyendo la educación superior.

Una recomendación clave del informe es fortalecer la articulación entre las instituciones de educación terciaria, los gobiernos y el sector privado para “la alineación de objetivos y el diseño, implementación y evaluación de la política de educación superior” (p. 51). Se ofrecen algunos ejemplos alentadores de este tipo de coordinación, por ejemplo, el Consejo de Competencias Mineras de Chile. ¿Por qué han sido exitosas estas iniciativas y no otras? ¿Hay ciertas características contextuales que facilitan la colaboración? ¿Qué lecciones podemos sacar de estas experiencias?

Las instituciones multilaterales y nacionales de la región están cada vez más conscientes del desafío de alinear habilidades. Por ese motivo han impulsado iniciativas que profundizan en la investigación de habilidades profesionales y el mercado laboral. Estos organismos están dedicando recursos destinados exclusivamente a estudiar y generar propuestas sobre este tema.

El Consejo de Competencias Mineras de Chile, creado en 2012, como iniciativa del Consejo Minero de Chile es una especie de skills council que tiene como objetivo “proveer información, como industria, que permita adecuar la oferta de formación de técnicos y profesionales a la demanda del mercado laboral minero, tanto en términos cualitativos como cuantitativos.” Concretamente el Consejo de Competencias Mineras de Chile realizó un enfoque sectorial nacional mediante un modelo de destrezas transversales para industria minera 4.0, contando con la participación de las empresas del sector. Se ha contado con la colaboración de las principales compañías mineras, asociaciones gremiales, instituciones del Estado y empresas proveedoras del sector, aspecto importante a tener en cuenta de cara a poder replicar estas iniciativas en el futuro, y de una mayor replicabilidad.

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