El comportamiento y las políticas educativas

˙ PREAL Blog

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En Colombia, la asistencia escolar de los niños es muy alta. Apoyados por un programa de transferencias monetarias condicionadas, virtualmente todos los estudiantes de entre 5 y 13 años van a la escuela. Pero las cifras caen cuando los estudiantes llegan a la adolescencia. Para cuando cumplen 17 años, uno de cada cinco jóvenes ha abandonado la escuela.

¿A qué se debe este descenso? Un factor importante parece ser el costo asociado con los estudios. Cuando se le pregunta a los jóvenes por qué abandonaron la escuela, dos tercios dice que ir a la escuela es costoso. Los gastos asociados con la re-inscripción, los uniformes, los libros y otros materiales se acumulan y empujan a los niños pobres afuera del sistema educativo.

Un equipo en Bogotá decidió experimentar con variantes alternativas del programa de transferencias monetarias condicionadas, para ver si un mejor diseño podía mejorar la asistencia de los adolescentes a la escuela.

Bajo el programa original, las familias reciben mensualmente una cantidad fija de dinero por cumplir con ciertas condiciones de salud y educación. El equipo añadió dos variantes. La primera, implementada en el distrito de San Cristóbal, donde el programa original ya estaba en funcionamiento, retenía un tercio del pago y lo entregaba como una suma total cuando los estudiantes se re-inscribían para un nuevo año escolar. La segunda, implementada en el distrito de Suba, también retenía un tercio del pago, pero esta vez ofrecía una suma total 20 veces mayor a la suma mensual original, a ser entregada al momento de graduación.[1]

Los nuevos diseños tuvieron un impacto significativo. Para los niños que permanecieron en la escuela secundaria, la primera variante generó un incremento en la tasa de matrícula de 4 puntos porcentuales. Para los niños que estaban terminando la escuela secundaria, la primera variante levantó la tasa de matrícula 9.4 puntos porcentuales, ¡mientras que la segunda variante lo elevó casi 50%!

Curiosamente, la primera variante solucionó lo que parecía ser un problema de recursos sin siquiera proveer recursos adicionales.[2] Efectivamente, lo que hizo fue ayudar a las personas a ahorrar (algo que pudieron haber hecho por sí mismas). David Brooks ha llamado a las intervenciones que potencian estos detalles, que importan aunque no deberían, “pequeños milagros” – políticas que funcionan no porque proveen información, recursos o acceso al mercado, sino porque adoptan un entendimiento más rico del actor humano.

Los conocimientos sociales y psicológicos que son la base de políticas como esta son el enfoque del Informe de Desarrollo Mundial 2015: Mente, Sociedad y Conducta.  El informe está organizando tomando en cuenta tres maneras de pensar de las personas:

  • Pensamos en automático: Mucho de nuestro pensar está basado en lo que se nos viene a la mente sin esfuerzo. Reflexionar sobre decisiones complicadas y abstractas requiere esfuerzo y es agotador. Pequeños cambios que hacen más fáciles las pequeñas decisiones pueden mejorar las políticas. En los Estados Unidos, donde la educación terciara es extremadamente costosa, la complejidad de los formularios para solicitar ayuda financiera reducen la asistencia a la universidad. Cuando los padres de bajos recursos que recibían ayuda para declarar sus impuestos fueron orientados a usar su información de impuestos para completar los formularios de ayuda financiera, la asistencia de sus hijos a la universidad aumentó casi un cuarto.
  • Pensamos socialmente: Como seres sociales, obtenemos información de nuestras redes sociales y usamos las normas sociales como guías de nuestro comportamiento. Nos gusta cooperar, y esto puede afectar nuestro comportamiento y desempeño. En Uganda, por ejemplo, cuando unos padres participaron en desarrollar un proceso de “rendición de cuentas social” (social accountability), usando planillas de puntaje, la asistencia y los resultados de aprendizaje fueron mejores que cuando se utilizaron planillas de puntaje similares diseñadas por investigadores.
  • Pensamos con modelos mentales: Para poder darle sentido a nuestro entorno, nos apoyamos de modelos mentales. Estas herramientas cognitivas guían nuestro pensamiento y nuestras acciones, y, sin embargo, nosotros no las inventamos. Éstas son creadas por las sociedades en las que vivimos y moldeadas por las señales en nuestro ambiente. En Etiopía, los pobres suelen reportar un bajo sentido de empoderamiento psicológico. Cuando a unos aldeanos rurales se les mostraron videos de individuos como ellos subiendo la escalera socioeconómica por medio de la fijación de metas, toma de decisiones cuidadosa, y perseverancia, sus modelos mentales cambiaron. Esto llevó a aumentos en sus ahorros e inversión en la educación.

Estos ejemplos del Informe de Desarrollo Mundial también demuestran cómo un cuidado psicológico y social de calidad en la edad temprana es esencial para el desarrollo humano. En Jamaica, las madres de bebés con retraso recibieron apoyo en proveer cuidado cognitivo, lingüístico y socioemocional a sus hijos. El currículo incluía ejercicios de actuación y el uso de juguetes caseros para promover interacciones de alta calidad entre madre e hijo. Veinte años después, no hay una diferencia estadísticamente significativa entre el ingreso de los niños con retraso que recibieron apoyo, y otro grupo de individuos sin retraso.

Estos cortos ejemplos ofrecen solo una muestra de lo poderoso que puede ser aprender más sobre el comportamiento. ¡Pero preste atención! En retrospectiva, nos puede parecer obvio por qué algunos programas funcionan y otros no. Pero es mucho más difícil predecirlo de antemano. El Informe de Desarrollo Mundial 2015 demuestra que las características sutiles del entorno influyen fuertemente en las decisiones. Frecuentemente es muy difícil discernir qué combinación de marcos, dinámica intención-acción, normas sociales, modelos mentales culturales u otras influencias psicológicas y sociales están causando ciertas conductas.

Como resultado, el diseño de políticas de comportamiento requiere una nueva manera de entender el ciclo de intervención. Se deben invertir más recursos en definir y diagnosticar el problema. Las intervenciones piloto comprensivas (que incorporan métodos cualitativos y cuantitativos) pueden muchas veces ser la mejor manera de entender los mecanismos que llevan al éxito de los programas a gran escala (ver la espiral de intervenciones en el gráfico abajo). La promesa de una política construida con un conocimiento de la psicología todavía está surgiendo. Pero si adoptamos un acercamiento empírico, riguroso, curioso y ágil hacia el diseño de políticas, puede convertirse en una herramienta crucial en el diseño de políticas educativas efectivas.

Behavior Graph

[1] La idea aquí era guardar un tercio de la transferencia monetaria condicionada hasta el final de la secundaria, pero los estudiantes que entraron a este programa a mitad de sus estudios secundarios todavía recibieron la cantidad completa.

[2] En la segunda variante, la transferencia es equivalente en costo a la variante original solo para aquellos estudiantes que hicieron seis años de estudios secundarios – la data aplicó a estudiantes que estaban a tres años o menos de graduarse.

James Walsh (@j_sonam_walsh), Analista de Investigación, Informe de Desarrollo Mundial 2015: Mente, Sociedad y Comportamiento.

Varun Gauri (@varungauri), Co-Director, Informe de Desarrollo Mundial 2015: Mente, Sociedad y Comportamiento.