Los demonios de la política nicaragüense: entre el caudillo y el político perfecto

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La crisis política nacional de Nicaragua se debate entre la violencia y la rabia del desgobierno a la defensiva, y la división dentro de la oposición; un pleito político, en el que hay mucho menosprecio, crítica, e incluso manoseo de la realidad. Estas acciones no son atípicas de Nicaragua, representan una creencia muy profunda de nuestra cultura política: que el Gobierno solo lo puede administrar el político perfecto y cada uno de nosotros se siente con la superioridad moral para juzgar quien es o no digno de ser considerado perfecto.

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El resultado tiende a ser la eliminación de todos y cada uno de los aspirantes al poder. Se aplica el ‘empate doloroso’; nadie gana, porque todos creemos tener la razón que ninguno es bueno. […] Entonces, cada uno trata de ‘comprar’ su reconocimiento, derecho o ‘perfección’ con transacciones o favores para ganarse el trofeo, el visto bueno de ‘notables’, léase: Iglesia Católica, la cual por estar más cerca del cielo, el político le otorga más valor a esa ‘bendición’; los grandes empresarios, y las embajadas de los gobiernos más influyentes en Nicaragua, y la autoridad moral de los tranqueros de abril 2018.

La paradoja está en que la gente promedio actúa como juez y jurado: quieren perfección pero permiten transacción, y por ende desconfían de todos porque conocen el ‘secreto’ del arreglo del camino al poder.  Entonces, al final la complicidad nos incluye a todos. He ahí el demonio de la política nicaragüense:  Todos saben (o sabemos) que detrás de un político hay un arreglo y detrás de un arreglo hay una historia ‘turbia’ o no transparente ¡porque los que buscaron favores, escondieron en secreto que estaban haciendo transacciones!  ¡Pero es un secreto a voces!

En gran parte es porque la figura del caudillo surge como un factor definidor dentro de la política. Es la personificación de lo que puede ser perfectible con base a la legitimidad que ese personaje se gana por la fuerza, el simbolismo machista del hombre fuerte, de arriesgado y de amigo del populacho. El caudillo compra sus favores con le élite a cambio de su lealtad, y con la gente a cambio de prebendas. Pero todo es transaccional. Por mucho tiempo, Daniel Ortega ha sabido manipular y usar estos demonios políticos a su favor, creando su mazorca compuesta por el grupo de ‘favorecidos’, depositando sus secretos en la cuenta transaccional del intercambio de penas por silencio, apoyo y voto.

Cinco Apuestas Políticas

(1) Descartar la perfección política, e introducir el método justo que precise la distribución del poder político. 

(2) En vez de glorificarla, hay que anular la desconfianza. El acto de hacer a un lado lo que uno desconfía del otro, va dejando solo el valor humano de éste, y a partir de ahí construir puentes entre iguales, pero con distintos pesos. 

(3) El riesgo político tiene que medirse con más certeza, pero sin miedo: ¿Cuál es el costo político de poner a los partidos políticos en su lugar, sabiendo que se puede perder un espacio en la ‘casilla’, y arriesgarse a quedar sin partido?

(4) Hay que apostarle al futuro. Es una fuente de confianza. El electorado nicaragüense quiere y pide alternativas, soluciones, perspectivas futuras, y entrega. El futuro, ese entorno que desconocemos, ofrece mas oportunidades que el presente y el pasado dictatorial.

(5) Hay que desatanizar la negociación y los acuerdos políticos. Vivimos en la era de la cooperación compleja, la cual requiere de lograr agendas, acuerdos y perspectivas sobre adaptación en la era global entre actores diversos, con intereses complejos. 

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