Un mensaje de nuestro presidente

Michael Shifter

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Día de horror en Washington

El 6 de enero, todos observamos con total incredulidad y con un profundo sentimiento de tristeza e indignación, la insurrección armada que se desarrolló en la capital de los Estados Unidos. Hasta ahora considerado impensable, un ataque tan violento y multitudinario en el capitolio, el mayor símbolo de la democracia estadounidense, fue censurable y antitético a los valores y principios centrales del Diálogo, los cuales nos han guiado desde nuestra fundación hace casi cuatro décadas.

El asalto al capitolio representó otro trauma que nos ha conmocionado. Durante el último año, la pandemia del Covid-19 nos ha inquietado, causando graves trastornos en nuestras vidas. También recordamos el brutal asesinato de George Floyd por la policía de Minneapolis en mayo, que desató protestas contra la injusticia racial en Estados Unidos y en todo el mundo. Es importante distinguir entre esas protestas legítimas y el ataque ilegal y violento contra el capitolio.

El Diálogo se mantiene firme en su compromiso con el civismo, la tolerancia, la decencia y el respeto por las leyes e instituciones que sustentan la democracia en los Estados Unidos y en las Américas. Somos muy conscientes de que la tarea de fomentar y defender la democracia, ya sea en los Estados Unidos o en cualquier otro lugar, no termina nunca. En este hemisferio, tenemos la suerte y el orgullo de contar con la Carta Democrática Interamericana, un instrumento legal único e histórico adoptado hace casi dos décadas para ayudar a defender los principios que compartimos.

La tragedia que tuvo lugar el 6 de enero también es un claro recordatorio de lo importante que es tener un liderazgo responsable para proteger el estado de derecho. Hemos aprendido muy dolorosamente, en los Estados Unidos y en muchos otros países, que las palabras importan y pueden alimentar el odio, incitar la violencia y socavar la rendición de cuentas. El Diálogo, junto con todos nuestros socios, debe reafirmar y defender firmemente nuestros valores y aprovechar los avances que se han logrado para construir sociedades más justas, pacíficas y democráticas en las Américas, incluyendo en los Estados Unidos.