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¿Quién podrá frenarlo?

Un artículo reciente de la revista The New York Review of Books sobre la tensión con Corea del Norte se hacía esta pregunta sobre el presidente Donald Trump. La demagogia y falta de previsibilidad de Trump son más peligrosas que nunca ante la crisis con el régimen norcoreano, dada la posibilidad de una escalada que lleve a una guerra nuclear.

El pasado septiembre, en la reunión de la Asamblea General de la ONU, Trump amenazó al dictador Kim Jong-Un, al que llama “RocketMan”, con desatar “fuego y furia como el mundo nunca ha visto”. Lo más preocupante es que Trump tiene la autoridad legal para atacar Corea del Norte hasta destruirla. Hay, sin embargo, dos hechos esperanzadores: primero, miembros del Congreso se han movilizado para intentar restringir esa discrecionalidad y, segundo, altos mandos militares parecen dispuestos a desobedecer una orden ruinosa de su claramente irresponsable comandante en jefe.

A un año de la llegada del Republicano a la presidencia, la política doméstica y exterior del país han estado sumidas en la incertidumbre y el drama.  Sin dudas la posible confrontación con Corea del Norte genera mucha preocupación, pero otras iniciativas de política exterior de la administración Trump también han sido desconcertantes. La constante ha sido la falta de una estrategia coherente y las acciones diseñadas exclusivamente para desmontar el legado del ex presidente Obama. Estas decisiones, que incluyen la salida del Acuerdo de Paris sobre cambio climático y del Acuerdo Transpacífico, solo han aislado a Washington en temas clave de la agenda global, y aumentado la ventaja estratégica de China.

Hay que reconocer que Trump está cumpliendo con las promesas de su campaña electoral, que parece no terminar nunca: “poner a los Estados Unidos primero”, concentrarse en las prioridades domésticas y retirarse de los compromisos internacionales que, para el presidente, han traído demasiados costos y derrotas para el país. Puede que tomar estas medidas beneficie políticamente a Trump, pero van en contra de los intereses y valores de EEUU y tendrán efectos nocivos para el país. El orden internacional que Washington ha intentado preservar desde la segunda guerra mundial corre el riesgo de colapsar desde adentro.

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