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Es una medida de debilidad política. No es una buena señal para la democracia que el Ejército sea el árbitro. Es un reflejo de la bancarrota de los partidos políticos y de los líderes que necesitan depender de los militares para gobernar y permanecer en el poder.
Es necesario ir más lejos, porque las desigualdades están en la propia raíz histórica de todos los países del continente. No es un fenómeno chileno únicamente. Los reclamos de estos días, si tienen que ver con corrupción e inseguridad, dos otras lacras que se comparten por doquier en las naciones del área, tampoco son ellas el epicentro del malestar colectivo.
La simple alza del boleto del Metro de apenas poco más de 3% devolvió a Chile al escenario tumultuoso de la política latinoamericana, del que se creía a salvo ese exitoso modelo amasado, por izquierda y derecha, desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet.
Si hay algo que hemos aprendido sobre la democracia, es que los militares no deben intervenir en la política. En América Latina, los gobiernos militares han socavado las instituciones democráticas, casi siempre han sido brutales y represivos, y generalmente se resisten a dejar el poder. Quizá en Venezuela, donde los militares ayudan a mantener la dictadura y así prolongan la brutal crisis humanitaria del país, no haya otra alternativa para obligar al dictador a que se haga a un lado, pero el riesgo es alto y puede alterar la paz y la seguridad.
É uma medida de fraqueza política. Não é um bom sinal para a democracia que o Exército seja o árbitro. É um reflexo da falência de partidos e de líderes políticos que precisam confiar nos militares para governar e permanecer no poder.
Ha existido un retroceso progresivo comparado con la Reforma Energética, la cual favoreció las energías renovables. Poco a poco ha estado minando el sector de las energías renovables. 
We’re at a moment when leaders in country after country where political institutions are being questioned and not seen as credible by citizens. It is not a good sign for democracy that the military is the arbiter. It’s a reflection of the bankruptcy of political parties and leaders who need to rely on the military to govern and stay in power.
President Morales, his vice president, and the leaders of the House and Senate all resigned. This created a vacuum of power, as the constitutional line of succession does not contemplate a case in which these four positions are vacant.
The United States and some governments in Latin America recognize Añez as the legitimate interim president, while other governments in the region argue that Morales was the victim of a coup. This is a negative development for cooperation among nations in the Americas, and underscores the importance of Bolivia holding credible, inclusive elections as soon as feasible.
Although compulsory voting increases voter turnout, it also raises questions on democratic freedom. There is a certain discomfort on the obligatory part of it. It’s the worrying idea that you can fine someone for not participating in the democratic process, it feels regressive, a tax on people with fewer resources, or less ability to engage.
Submitting a blank or spoiled vote is an indicator in and of itself, especially in polarizing elections. Not voting at all doesn’t capture that in the same way – it’s easy to dismiss not voting as apathy, whereas [a blank or spoiled vote] is a clear sign of voter discontent against the system.