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En términos generales, sigue existiendo un consenso favorable al gobierno de Macri y un optimismo cauteloso sobre su capacidad para estabilizar la economía y ser reelegido el año entrante. Sin embargo, las presunciones sobre la continuidad en el poder de Macri y las implicancias para el modelo económico y las relaciones bilaterales entre EE. UU. y la Argentina son hoy mucho menos sólidas que hace un año.
La atención a derechos laborales en el nuevo acuerdo [T-MEC] podría tener un efecto opuesto y de hecho incrementar su apoyo… Dependerá si los demócratas se opongan a cualquier cosa que Trump haya negociado o si serán consistentes con sus posiciones de política pública.
Si los demócratas toman control de la cámara, puede haber consecuencias importantes en temas que no han sido tratados en los primeros dos años de la administración Trump como derechos humanos, migración – el cual creo que recibirá más atención y algunas ideas de cómo se puede sostener las políticas hacia Cuba. Creo que puede haber cosas menores pero lo que sí habrá [definitivamente] es más espacio, más debate, más discusión sobre temas que están más vinculados a los demócratas como derechos humanos en la región.
No es realista pensar que habrá menos presión hacia Venezuela con un control demócrata. Creo que hay un consenso en Washington entre ambos partidos de enorme preocupación y frustración con el gobierno de Nicolás Maduro. Tanto los demócratas como los republicanos están interesados en aplicar todos los instrumentos, como las sanciones en este momento, para poner más presión sobre el gobierno.
Es probable que Trump y Bolsonaro se lleven bien y compartan posiciones de línea dura. Ninguno de los dos cree en la lucha contra el cambio climático y ambos tienen apoyo de la comunidad evangélica y son pro-Israel.
En términos de tácticas de miedo, la invocación de Venezuela por parte de Trump es bastante descabellada y poco convincente. La situación en Venezuela es catastrófica, pero intentar vincular a los candidatos demócratas con la cleptocracia en Caracas probablemente tenga eco solo en los votantes más ideológicos.
La Alianza para la Prosperidad está fallando en que sus programas no están conectados con la raíz de lo que causa la emigración, sino con problemas crónicos más amplios (infraestructura) y con mercados tradicionales (agricultura), con un fuerte énfasis en asuntos de seguridad no directamente relacionados con la presencia sistémica del crimen organizado.
El tema migratorio ayudó a que Trump llegara a la Casa Blanca. No es una sorpresa que haya vuelto al tema para estas elecciones de medio periodo, que son esencialmente un referéndum sobre él. La caravana de centroamericanos es un fondo conveniente para su esfuerzo continuado de provocar miedo y animar a su base política.
No es realista pensar que habrá menos presión hacia Venezuela con un control demócrata. Creo que hay un consenso en Washington entre ambos partidos de enorme preocupación y frustración con el gobierno de Nicolás Maduro. Tanto los demócratas como los republicanos están interesados en aplicar todos los instrumentos, como las sanciones en este momento, para poner más presión sobre el gobierno.
Los agresivos ataque retóricos de Trump buscan apuntalar su base política y asegurarse de que voten a los republicanos el martes. De hecho, casi se puede decir que Trump está haciendo de esta elección un referéndum sobre sí mismo. El impacto es polarizar y energizar aún más el electorado en ambos lados. Con todo, Trump espera que los demócratas no salgan a votar y que su distrito electoral lo haga. Eso funcionó en 2016, y está apostando a que volverá a funcionar.
(Acerca del bloqueo estadounidense del oro Venezolano) se trata de una medida que va a tener un amplio apoyo en Estados Unidos, tanto entre republicanos como demócratas. Nadie se va a oponer al endurecimiento de las sanciones contra un Gobierno tan inhumano.