Cuba 2020: ¿a las puertas de una crisis humanitaria?

˙ Voces

Entre el colapso de Venezuela, Trump y el Covid-19

El año 2020 pasará a la historia de Cuba como uno de los más estremecedores de las últimas décadas. Incluso, pudiera llegar el caso de que se configuraran escenarios similares a los acaecidos durante el llamado “Período Especial”, tras el colapso de la Unión Soviética, cuando hubo una contracción del PIB superior al 30 por ciento. En esta ocasión impactan sobre el país una serie de factores externos de gran envergadura, en los que la crisis global provocada por el Covid-19 tendrá consecuencias demoledoras para la economía mundial y, obviamente, también para Cuba. A ello debemos sumar las conocidas distorsiones estructurales del modelo sociopolítico cubano, con su perdurable matriz soviética. La combinación de elementos externos e internos configura un presente de crisis nacional, con perspectivas crecientes de profundización.

Esa crisis ha visto el deterioro creciente de la infraestructura de la Isla, la depauperación de la calidad del nivel de vida, las crisis simultáneas del transporte, la vivienda, la alimentación y el abasto de agua, el éxodo creciente de cientos de miles de cubanos –sobre todo jóvenes–, la activación de una peligrosa “bomba demográfica”, la insostenibilidad del sistema nacional de pensiones, y el desmantelamiento reiterado de iniciativas ciudadanas “ideológicamente” sospechosas. Incluso, todo podría desembocar en una crisis de carácter humanitario.

La Isla llegó al año 2020 sin que la reforma impulsada por el gobierno de Raúl Castro (2008-2018) haya logrado ni el más mínimo cambio en el modelo social, económico y político cubano, que sigue manteniendo el monopolio absoluto del Partido Comunista y la economía centralmente planificada. A las deficiencias estructurales del modelo, se suman tres eventos externos importantes, que agravan sobremanera el cuadro interno: a) el colapso venezolano, b) la política de “máxima presión” de la Administración Trump sobre Cuba y Venezuela, y c) la crisis global provocada por la pandemia del coronavirus. En medio de todo esto, aliados tradicionales como China, Rusia y otros países latinoamericanos, no han ofrecido ninguna ayuda significativa.

Un primer elemento a considerar es la venta de servicios profesionales al extranjero, sobre todo de servicios médicos. Se trata de la fuente principal de divisas de Cuba, pero su aporte al PIB cayó de 13,8 por ciento a 8,3 por ciento entre 2012 y 2017 (Mesa-Lago, 2018). La reducción en la prestación de estos servicios en Venezuela, y la salida del personal médico cubano de Brasil, Ecuador y Bolivia, augura un panorama sombrío en esta área. Después de este rubro, la mayor fuente de divisas de Cuba son las remesas, pero el gobierno no publica cifras. Según el propio Mesa-Lago, el valor de las remesas en efectivo indica que estas aumentaron en 143 por ciento, desde 1,447 millones de dólares (en 2008) a 3,515 millones (en 2017). Sin embargo, seguramente se reducirán los flujos de remesas a Cuba luego del impacto del Covid-19 en el sur de la Florida. Si los estragos económicos en Florida son significativos, pues la llegada de remesas caerá con fuerza, y ello impactará fuertemente sobre la vida de la gente.

Otro de los elementos que más ha erosionado el impactado en la estabilidad macroeconómica de la Isla ha sido el colapso venezolano, que se ha traducido en una reducción creciente de los flujos de capital hacia Cuba, como parte de la prestación de servicios médicos a ese país. Según estimaciones de Carmelo Mesa-Lago (2018), durante la época de mayor esplendor en 2012, el comercio, los subsidios y la inversión de parte de Venezuela alcanzaron un total de 14,000 millones de dólares. Este flujo masivo de capital desde Venezuela hacia la Isla no fue utilizado para implementar ni el más mínimo cambio del modelo cubano. El colapso venezolano ha puesto en jaque a la economía de la Isla.

A lo anterior, se suma el mal desempeño de otros renglones de exportación importantes para Cuba. El níquel ha presentado caídas considerables de los precios en el mercado internacional. La crisis provocada por el Coronavirus pudiera extenderse también a otro de los productos exportables más importantes de Cuba: el tabaco. El año 2019 no fue muy bueno para las exportaciones globales cubanas de tabaco, con un crecimiento de solo un 2 por ciento, el menor en seis años. Los efectos de la pandemia sobre la economía china, que se venía consolidando como el principal mercado asiático para el tabaco cubano podría hundir, aún más, las exportaciones.

Otro de los sectores que se verá sustancialmente afectado será el turismo, que ya había experimentado una contracción en torno al 16,5 por ciento en los dos primeros meses de 2020 con respecto a 2019; lo que significó, en la práctica, más de 150,000 turistas menos en comparación con el año precedente. El sector se verá afectado por una crisis sin precedentes producto del cierre de las fronteras cubanas para hacer frente al Coronavirus. Las pérdidas monetarias para la Isla en el turismo serán cuantiosas, y tendrán implicaciones de alto impacto, dada la conexión del sector con otras zonas de la economía cubana.

Por otra parte, la agricultura cubana no logra satisfacer la demanda interna de alimentos. Por ejemplo, en 2017, Cuba importó 1,800 millones de dólares en productos agrícolas, un 60 por ciento de los cuales podría haberse producido en el país. Las estadísticas en la producción agrícola del período 2009-2017 indican que no se ha incrementado la producción de alimentos nacionales.

Además, es de esperarse que el impacto de la pandemia de Coronavirus ponga en recesión a buena parte de la economía global, lo que se traducirá en una profundización de la crisis económica en Cuba, que desde hace 6 años venía mostrando signos palpables de estancamiento, con cifras de crecimiento insignificantes. Por otra parte, la política de “máxima presión” de la Administración Trump ha tenido un impacto severo sobre el desempeño económico de la Isla: ha intentado acotar la declinante relación comercial con Venezuela, sobre todo en el envío de petróleo; dificulta los flujos globales de capital hacia Cuba; ha reducido el número de vuelos entre Estados Unidos y Cuba; ha sancionado a entidades vinculadas con el aparato empresarial de la Fuerzas Armadas, sobre todo de GAESA; ha aplicado sanciones personales sobre figuras pertenecientes a la estructura de poder cubana; y ha implementado, con eficiencia, casi todos los recursos contenidos en el andamiaje legal de la Ley Helms-Burton y del embargo.

La presión del momento presente ha llevado al gobierno de Miguel Díaz-Canel a tomar medidas en la esfera económica para lograr sortear la tormenta. Las “nuevas” disposiciones repiten la estrategia seguida por el gobierno cubano durante la terrible crisis de los años 90 del pasado siglo. El economista Pavel Vidal (2020) las describe así: a) después de un largo silencio el gobierno cubano vuelve a mencionar el tema de las pequeñas y medianas empresas; b) el discurso político hace énfasis en los dos sectores, el estatal y el no estatal, pero siempre le otorga prioridad al primero; c) la política económica parece que nuevamente se inclina hacia la flexibilización del “plan central” y hacia una autonomía empresarial “selectiva”; d) la fórmula anterior se acompaña de una “redolarización” parcial de la economía.

La magnitud colosal que tendrá la pandemia sobre la economía cubana, unido a los agravantes antes descritos, abren las puertas a un escenario realmente dramático para el país; donde se vivirá una “crisis humanitaria”, con serias implicaciones sociales. Por el momento, son palpables el desabastecimiento creciente de productos de primera necesidad en la red de tiendas minoristas; el encarecimiento de los productos y servicios; y el aumento de los rigores sobre la vida cotidiana de todos los cubanos, cuyo efecto acumulativo genera cansancio y malestar social. Especialmente vulnerables serán las personas de la llamada “tercera edad”, que poseen bajos ingresos personales. Seguramente aumentará la brecha de pobreza extrema, con todos los males que ello trae aparejado. Igualmente, se acrecentará el flujo migratorio, sobre todo de personas jóvenes y talentosas, que seguirán saliendo de la Isla en busca de nuevos horizontes.

Cuba vive el efecto acumulado de la crisis estructural de su modelo sociopolítico y económico –que no fue transformado y no es sostenible de cara al futuro–, más el impacto de nuevos factores externos. La combinación de todo ello acrecentará radicalmente la crisis que vive el país. Sin una ampliación del régimen de libertades para que la ciudadanía pueda incursionar en la economía, la sociedad y la política; sin la consolidación de la empresa privada nacional; sin una cuantiosa inversión extrajera directa; sin la conexión de la Isla con los organismos financieros internacionales y los encadenamientos económicos globales; sin la restitución de los derechos económicos y políticos de su emigración; y sin una relación estable con Estados Unidos; será realmente difícil afrontar esta crisis de magnitudes históricas.

Fuentes consultadas:

Mesa-Lago, C. (2018). La economía cubana: situación en 2017-2018 y perspectivas para 2019. Recuperado de: https://cubaposible.com/informe-la-economia-cubana-situacion-2017-2018-perspectivas-2019/

Mesa-Lago, C. (2018). Cuba: 60 años de dependencia económica extranjera. Diario. The New York Times. https://cubaposible.com/cuba-60-anos-dependencia-economica-extranjera/

Vidal Alejandro, P. (2020). Fórmulas recicladas de los años 90 para reanimar la economía cubana en 2020. Recuperado de: http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/ari20-2020-vidal-formulas-recicladas-anos-90-para-reanimar-economia-cubana-en-2020

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