Décadas después, ¿ha sido positiva la dolarización para Ecuador?

˙ Latin America Advisor

Casi 20 años han pasado desde que Ecuador decidió dolarizar su economía en enero del 2000. ¿Cuáles han sido las ventajas y desventajas de la dolarización para el país suramericano? ¿Qué consecuencias tiene el hecho de tener una economía dolarizada para la situación económica actual de Ecuador, y regresará el país a su propia moneda algún día? ¿Cuánta probabilidad existe de que el gobierno del presidente Lenín Moreno recurra al Fondo Monetario Internacional para resolver sus problemas económicos más recientes?

Mauricio Pozo, exministro de finanzas en Ecuador y consejero académico en la Universidad Internacional SEK: “La dolarización tiene una vigencia de 19 años en el Ecuador. El saldo de su aplicación es claramente favorable. Le ha permitido al país sortear de forma adecuada las crisis políticas como ocurrió a inicios de la década de los 2000 con el derrocamiento de dos expresidentes. Sin la dolarización, esos sucesos habrían significado profundos desequilibrios macroeconómicos como depreciaciones aceleradas de la moneda, rápidos crecimientos de la inflación y elevaciones desproporcionadas de las tasas de interés, como efectivamente ocurrió en 1999 previa a la dolarización. Así mismo, el desorden fiscal de los últimos años, traducido en altos déficits fiscales, en condiciones de moneda propia, habría conllevado a depreciaciones de la moneda para entregarle más moneda nacional por unidad de moneda extranjera y cubrir así los desequilibrios fiscales. O, simplemente, la deficiencia de recursos del presupuesto se habría cubierto con impresión de dinero sin respaldo, produciendo con ello graves desequilibrios macroeconómicos similares a los problemas que registra hoy día Venezuela. La dolarización exige un mercado laboral flexible y moderno, la libre circulación de capitales y unas finanzas públicas sanas con ahorros a fin de evitar impactos adversos de shocks, sobre todo de origen externo. Estos requisitos, entre otros, no se han cumplido, lo que debilita el régimen cambiario de la dolarización. Sin embargo, la dolarización tiene la confianza y el respaldo de la gran mayoría de los ecuatorianos, lo que la fortalece, haciendo casi imposible cualquier intención de regresar a una moneda nacional. Las exportaciones, la inversión, las remesas y el financiamiento externo son las fuentes que alimentan la dolarización y donde el gobierno debe poner todos sus esfuerzos.”

Pablo Zambrano, presidente ejecutivo de la Cámara de Industrias y Producción (CIP): “Ecuador tomó la decision de dolarizar su economía en enero del 2000. Aunque el dólar estadounidense ya se usaba para transacciones financieras en los años ’90, las autoridades tomaron el dólar como moneda de curso legal y abandonaron el sucre ecuatoriano como último recurso en medio de una grave crisis económica y financiera. La decisión era inevitable dados los altos riesgos de hiperinflación y todavía más fuga de capitales. El legado de la dolarización ha sido un menor riesgo de tipo de cambio, la estabilización del poder adquisitivo de los salarios y el aumento de la inversión privada, indudablemente impulsado por la disminución de incertidumbre sobre los precios y las políticas financieras. De hecho, la dolarización es un activo nacional, y tiene más apoyo que cualquier político o equipo de fútbol. Sin embargo, la disminución de la incertidumbre política tiene un lado negativo. La dolarización significa que la política monetaria interna, una herramienta que la mayoría de los países pequeños tienen para contrarrestar choques negativos, en Ecuador es impotente. Además, sin una moneda propia, Ecuador permanece a merced de la evolución económica de los Estados Unidos y los efectos resultantes de éstos en el valor relativo del dólar. Los ajustes a las desalineaciones del valor de la moneda se absorben necesariamente a través de la actividad doméstica y el empleo, ya que sin la opción de la depreciación de la moneda, la competitividad solo se puede restaurar a través de mejoras en la productividad y las consecuente reducción de precios. Sin embargo, aunque la dolarización tiene sus costos, sigue siendo la base de la estabilidad económica y política en Ecuador. Como una restricción inquebrantable a la manipulación monetaria, la dolarización protege a los ciudadanos de los políticos populistas y su abuso de la bolsa pública para promover objetivos políticos a corto plazo a costa de la sostenibilidad del sistema a largo plazo. Ecuador actualmente está enfrentando las consecuencias de la mala gestión de la política fiscal de Correa. El país está ahora en proceso de renovar el pacto social necesario para sostener una economía dolarizada sólida. Es altamente improbable que el presidente Moreno o cualquier otro político trate de adoptar una moneda propia. Además, la desdolarización sería una estrategia que no solo debilitaría las instituciones nacionales, sino que también empeoraría la deuda pública actual. La realidad es que Ecuador necesita dólares para financiar su ajuste. Dadas las condiciones internacionales, un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es imperativo. El esperado acuerdo con el FMI aumentará la confianza de los inversionistas, estimulará los flujos de capital y sentará las bases para el progreso hacia un crecimiento económico estable.”

Marco Naranjo Chiriboga, profesor en la Escuela Politécnica Nacional y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador: “Ha habido tiempo ciertamente suficiente para evaluar el sistema monetario de dolarización oficial en Ecuador. Definitivamente, las ventajas han sido claras, sobre todo las referentes a la estabilidad monetaria. Ecuador, gracias a la dolarización, ha tenido inflaciones anuales de un dígito, menores al uno por ciento en los dos últimos años—0,2 por ciento en el 2017 y 0,27 por ciento en el 2018—y ha eliminado el riesgo cambiario. Lo señalado contrasta con los 20 años anteriores, pues entre 1980 y 1999 la inflación acumulada fue del 44.000 por ciento y la devaluación acumulada del sucre superó el 73.000 por ciento. Pero la estabilidad monetaria ha permitido la recuperación de la economía, la cual, salvo en el año 2016, ha mostrado tasas de crecimiento positivas. El ingreso per cápita pasó de $1.300 en el año 2000, a un poco más de $6.400 en el año 2018. Aunque Ecuador vive actualmente un proceso de estancamiento económico, la tasa promedio de crecimiento económico para el lustro 2015-19 es de 0,76 por ciento, y el PIB pasó de $99.290 millones en el 2015 a $109.454 millones en el 2018, según el Banco Central. El ingreso per cápita para ese período evolucionó de $6.099 a $6.430. Definitivamente, la dolarización oficial ha coadyuvado a que dicho estancamiento no se convierta en recesión y, sobre todo, ha mantenido la estabilidad monetaria, cuestión que habría sido imposible sin este sistema, pues, de lo contrario, el gobierno habría recurrido a las emisiones inorgánicas de dinero y a las devaluaciones de la moneda nacional para cubrir sus déficits presupuestarios a raíz de la caída de los precios del petróleo. La economía ecuatoriana depende desde 1972 de sus exportaciones de petróleo, las cuales significan la cuarta parte de los ingresos fiscales. Cuando los precios del hidrocarburo suben, el gasto público tiende a aumentar considerablemente, pero cuando dichos precios disminuyen el mantenimiento del gasto público se realiza con incrementos de la deuda pública y nuevos impuestos. Estos últimos provocan un efecto multiplicador recesivo sobre la economía. Sin embargo, la deuda pública adquirida en los últimos años es cara, a tasas de interés cercanas al 10 por ciento, con lo que el pago del servicio es altamente oneroso, cerca del 10 por ciento del PIB, del 50 por ciento de las exportaciones y más de la tercera parte del presupuesto general del estado. Es necesario un programa que priorice los gastos y realice un cambio en la estructura de la deuda pública. Para esto es inminente un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.”

Vicente Albornoz, decano de administración y economía en la Universidad de Las Américas en Quito: “En enero de 2020, Ecuador cumplirá 20 años desde que se dolarizó. El balance de la experiencia es positivo, no sólo por lo que se ha logrado, sino también por lo que se ha impedido. La dolarización le devolvió a la sociedad la confianza en la moneda y eso tuvo muchas consecuencias positivas. La primera fue la caída de la inflación que pasó de 108 por ciento en septiembre de 2000 a menos de 4 por ciento en enero 2004. Una caída tan fuerte de la inflación suele requerir una contracción económica, pero gracias a la dolarización, eso no fue necesario y la economía ecuatoriana no interrumpió su crecimiento. Una consecuencia de la caída de la inflación fue que el ahorro y el crédito pudieron crecer. El aumento del crédito ocurrió especialmente en el de largo plazo, lo que permitió que haya más inversiones en el país. Con la excepción de dos trimestres en 2009, el PIB de Ecuador creció todos los trimestres desde el segundo trimestre del 2000 hasta el primer trimestre del 2015—un período de crecimiento inusualmente largo en la historia ecuatoriana. Pero el mayor aporte de la dolarización es haber impedido que el Ecuador se convierta en Venezuela. La inexistencia de una moneda propia impidió que un gobierno populista y dispuesto a mantener un alto gasto público, incluso a costa de altos déficits fiscales, como el de Rafael Correa, emita dinero inorgánico y desequilibre la economía por completo. Después de tantos años de estabilidad, para los ecuatorianos es impensable volver a una moneda propia, además de que una ‘desdolarización ordenada’ es algo técnicamente imposible.”

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