Scioli en su laberinto

˙ Voces

Este artículo también está disponible en: Inglés

El candidato a presidente por el kirchnerismo, Daniel Scioli, no tiene asegurada la victoria en las elecciones del próximo 25 de octubre. Muchas encuestas lo muestran cerca de alcanzar la meta del 40% de los votos con 10 de diferencia sobre su más cercano rival, Mauricio Macri, pero la incógnita probablemente no se revele hasta que se cuenten los últimos votos en la madrugada del 26. De no obtener esta diferencia (o superar el 45%, lo que es aún más improbable), Scioli y Macri se enfrentarán en una segunda vuelta, de resultado incierto.

Scioli ha enviado gestos de que de llegar a la Casa Rosada el 10 de diciembre implementará políticas distintas a las de la actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. La relación de Scioli con la presidenta (y con su fallecido esposo Néstor Kirchner) ha estado signada por apoyos, tensiones, y desconfianzas mutuas. Para el núcleo duro del kirchnerismo, Scioli representa al ala derecha del peronismo, mucho más cercano al sector privado (y a Washington) que el sector de izquierda liderado por los Kirchner.

Una de las demostraciones más elocuentes del deseo de Scioli de separarse del legado kirchnerista se dio esta semana en una reunión del Council of the Americas en Nueva York. Juan Manuel Urtubey, gobernador de la norteña provincia de Salta que suele expresar lo que Scioli piensa pero no puede decir en público, declaró ante un grupo de empresarios que de llegar a la presidencia, el gobernador de la provincia de Buenos Aires buscará un rápido acuerdo con los holdouts de la deuda pública Argentina. Urtubey dijo también que la desaceleración China y sus consecuencias para la economía Argentina también requerirán la relajación de los controles cambiarios y un acercamiento a los Estados Unidos. Implícitamente, el aliado de Scioli criticó las políticas del gobierno de Cristina Kirchner en estas tres áreas.

La revelación del gobernador de Salta se da en el marco de una creciente e inocultable tensión entre los seguidores de Scioli y Cristina, ambos parte del gobernante Frente para la Victoria. Recientemente algunos líderes políticos cercanos a la presidenta insinuaron que Scioli sería un presidente “de transición”, que podría ocupar la presidencia solo hasta que Cristina regrese en 2019. Scioli rechazó estas opiniones, y declaró que cambiará lo que haya que cambiar y que será quien lleve adelante el Poder Ejecutivo “como lo indica la Constitución”.

Pero las elecciones presidenciales no van a resolver el conflicto latente entre Scioli y Kirchner. Aún si el primero alcanza la presidencia, deberá enfrentar muchos obstáculos si pretende gobernar de forma independiente. Cristina Kirchner no ocupará ningún cargo público desde diciembre, pero se aseguró de llenar las candidaturas legislativas de fieles seguidores, incluyendo al actual ministro de Economía Axel Kicillof. El candidato a vicepresidente de Scioli, Carlos Zannini, fue otra imposición de la presidenta, y responderá personalmente a ella. También se ha asegurado la continuidad de sus seguidores en las instituciones del Estado, incluyendo varios ministerios y el Banco Central. Este grupo de kirchneristas “puros” podría resistir los intentos del gobierno de Scioli de normalizar las relaciones con Washington e implementar una política económica más moderada.

Para reforzar su control una vez que termine su mandato, Cristina Kirchner está enviando un paquete de leyes al Congreso que incluye la creación de nuevos organismos estatales para sus seguidores y restricciones a la venta de acciones del Estado en múltiples empresas privadas. La presidenta ha realizado un enorme número de anuncios e inauguraciones, usualmente con presencia de candidatos del Frente para la Victoria (incluyendo a Scioli y a su hijo Máximo Kirchner, candidato a diputado). Estos actos suelen ser transmitidos obligatoriamente en todas las estaciones de radio y televisión del país, mediante el uso de la “cadena nacional”.

Por otra parte, el legado económico que le dejará Cristina Kirchner a su sucesor será muy complejo. La economía crecerá solo un 0,4% este año y entraría en recesión en 2016, con una caída del 0,7% según el FMI. La inflación continúa siendo elevada, en alrededor del 25%, y las reservas internacionales bajaron a 27.000 millones de dólares (eran 40 mil millones en 2011). Funcionarios argentinos están negociando la renovación de un acuerdo de swap de monedas con China, dado que el actual (de 11.000 millones de dólares) ya fue usado en su totalidad. El gobierno ha intentado preservar las reservas implementando duras restricciones a la venta de dólares, y sigue creciendo la brecha entre el tipo de cambio oficial (9,4) y el paralelo (15,7).

Hasta el momento, Scioli ha intentado mantener su posición intermedia entre aquellos que dentro del peronismo reclaman cambios profundos a la forma de administrar la economía y la política, principalmente los gobernadores, y el grupo más cercano a la presidenta, que desean mantener las políticas actuales. Para evitar definiciones claras en temas conflictivos, Scioli rechazó participar en el primer debate presidencial de la historia argentina, llevado a cabo por organizaciones de la sociedad civil y en la que participaron los otros 6 candidatos, incluido Macri. Pero de llegar a la presidencia, la era de las ambigüedades habrá terminado, y Scioli tendrá que demostrar si gobernará de forma independiente o si será solo una continuación del kirchnerismo instalado en 2003.