Metas y caminos para mejorar la profesión docente

˙ PREAL Blog

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Afortunadamente, es ampliamente aceptado que un sólido sistema educativo requiere buenos docentes. En nuestra región, por ejemplo, durante  la VII Reunión Interamericana de Ministros de Educación, organizada por la OEA en Surinam en marzo de 2012, y a la cual asistí como observador a raíz de la invitación que los organizadores hicieron al PREAL, los estados miembros ratificaron “el papel fundamental del docente en los procesos y resultados educativos (…), a fin de ayudar a asegurar que los resultados sean efectivos y duraderos”.

En la misma línea, la OREALC/UNESCO divulgó en Panamá, en mayo de 2012, el informe: “Antecedentes y Criterios para la Elaboración de Políticas Docentes en América Latina y el Caribe”, preparado con el apoyo técnico del CEPPE (Chile) y en el marco de las recomendaciones del Grupo de Alto Nivel sobre Educación para Todos (Oslo, 2008).  Para apoyar a la UNESCO en esta iniciativa, el PREAL puso a disposición las publicaciones de su Grupo de Trabajo sobre Desarrollo de la Profesión Docente (GTD) y, además, organizó durante el último año varias actividades de análisis y consulta por medio del Capítulo de Centroamérica y República Dominicana del GTD.

El informe de la OREALC / UNESCO  –que contiene la contribución de expertos de la región y recibió insumos de funcionarios públicos, organizaciones docentes y académicos– advierte sobre algunos problemas dentro de la profesión docente que debemos resaltar: el bajo nivel académico de la mayoría de los docentes; la falta de mecanismos para atraer a buenos candidatos a la profesión docente; y el vínculo casi exclusivo de los incentivos económicos con factores como la antigüedad en el servicio o el grado académico formal. El informe también señaló la presencia de ofertas de formación inicial y en servicio que no se traducen en mejores resultados de aprendizaje del estudiante; la falta de evaluación orientada a decisiones de mejora; y la desarticulación y falta de sostenibilidad de las políticas adoptadas.

Respecto a los criterios que plantea el informe para desarrollar políticas docentes efectivas, hago notar los siguientes: establecer requisitos más estrictos en la selección de candidatos que quieren realizar estudios y luego trabajar en la docencia; elevar el nivel académico de los docentes (en algunos países aún se gradúan con un nivel equivalente al de secundaria); mejorar la formación inicial y propiciar oportunidades de profesionalización vinculadas con las características de los estudiantes y las aulas; y establecer mecanismos para otorgar salarios e incentivos en relación con el desempeño del docente y con las expectativas que la profesión tiene dentro de la sociedad. También hay que resaltar que no se debe usar las recomendaciones como recetas (más bien deben ser contextualizadas) y que la implementación de políticas requiere un enfoque sistémico.

Estos ejemplos estarían indicando que contamos con buenas ideas e interesantes puntos de referencia provenientes de la investigación y del debate internacional sobre la profesión docente. El reto que seguimos enfrentando es cómo avanzar hacia las metas deseadas. Debemos recordar que hoy están iniciando la primaria los niños y niñas que, idealmente, ingresarán al mundo laboral más o menos a partir del año 2024. Quizá hay que repensar una idea bastante difundida: es importante cuidar tanto el producto como el proceso, tanto las metas como los caminos para acercarnos a ellas… parece obvio pero difícil de ser logrado. Particularmente, en campos como la educación, resulta relativamente fácil plantearnos objetivos, pero nos quedamos cortos en alcanzarlos; atestiguamos vacíos o incongruencias entre el diseño de política, la implementación, el marco institucional, los recursos disponibles y los resultados. Incluso metas deseables impulsadas por buenos líderes nacionales o locales de los sectores público y privado no siempre se han traducido en cambios efectivos y mejoras sostenidas.

Mucho se ha insistido, por ejemplo, en la importancia de propiciar acuerdos compartidos por actores diversos. De hecho, hay países que han hecho el intento de establecer planes de largo plazo basados en el consenso, pero tales planes no han sido sostenibles, y hay indicios de que sus resultados están por debajo de lo esperado, tomando en cuenta la inversión realizada.

Nadie parece tener la solución mágica para asegurar mejores docentes en el futuro, y esto aplica tanto al nivel nacional como escolar. Parece que un modo deseable es apoyarnos en el conocimiento, el compromiso y el diálogo.  En cuanto a este último, hay que identificar puentes, puntos de encuentro entre actores clave, superando las diferencias ideológicas y, no pocas veces, la desconfianza, por justificada que nos parezca. No hay duda de que es indispensable establecer altas expectativas para la profesión docente.  Es igualmente importante que los actores clave, en un contexto dado, no sólo superen las barreras sino, especialmente, estructuren caminos y mecanismos que eviten el desperdicio de recursos y aborden los dilemas centrales para asegurar buenos docentes y buenas escuelas.

El autor es especialista en educación, Coordinador del Capítulo de Centroamérica y República Dominicana del Grupo de Trabajo sobre la Profesión Docente (CCAD/GTD) del PREAL y miembro del Consejo Centroamericano de Acreditación de Educación Superior (CCA).

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