Los costos y la respuesta ante el impacto de la pandemia de Covid-19 en el sector educativo de América Latina y el Caribe

Photos pequeños de los panelistas y un foto grande de una niña con una mascarilla lavando sus manos. Todo el foto esta en negro y blanco con una tinta azul Main photo: Nghi Nguyen / Pixabay / CCO

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El 15 de abril, el programa de educación del Diálogo Interamericano y el Banco Mundial convocaron a un seminario virtual para presentar los resultados de un informe del Banco Mundial sobre los costos que los países de América Latina y el Caribe han tenido que enfrentar ante la pandemia y el cierre de escuelas. Panelistas del Banco Mundial, Chile, Brasil y Colombia compartieron reflexiones sobre las lecciones emergentes en la reapertura de escuelas y discutieron las recomendaciones de políticas para la recuperación de aprendizajes y un retorno seguro a clases presenciales.

Este encuentro virtual contó con la participación de Emanuela Di Gropello, gerente de la práctica de Educación, Latinoamérica y el Caribe, Banco Mundial; Raúl Figueroa Salas, ministro, Ministerio de Educación, Chile; Priscila Cruz, presidente-ejecutiva, Todos por la Educación (Todos Pela Educação); Sandra García, profesora asociada, Escuela de Gobierno, Universidad de los Andes y non-resident senior fellow, Diálogo Interamericano; y Jaime Saavedra, director global de educación, Banco Mundial. El evento inició con palabras de bienvenida de Michael Shifter, presidente, Diálogo Interamericano, y Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente, América Latina y el Caribe, Banco Mundial. Fue moderado por Ariel Fiszbein, director del programa de educación, Diálogo Interamericano y contó con la asistencia de 484 participantes.

Los países de América Latina y el Caribe han sido muy afectados por la pandemia. La región cuenta con más del 20 porcentaje de los casos mundiales de Covid-19, y aproximadamente 30 porcentaje de los muertos globalmente. La pandemia ha influido en los indicadores de salud y economía, incluso el PBI de la región disminuyó en un 7 porcentaje en 2020 y se perdieron US$ 1.7 billones de ingresos. Actualmente, está teniendo lugar una segunda ola de casos que ha desacelerado los esfuerzos de reapertura de escuelas. Esto muestra que es necesario contar con un proceso de recuperación sostenible, esquemas flexibles y poder tener una adaptación rápida con una combinación de formas de enseñanza a distancia, híbrida y presencial. Durante la reapertura es importante poder cerrar las brechas educativas que existen entre los estudiantes. Al mismo tiempo, la reapertura proporciona una oportunidad única para llevar a cabo grandes reformas para crear sistemas más equitativos, asegurando que las escuelas sean seguras y efectivas.

Emanuela Di Gropello realizó un resumen de los puntos claves del informe del Banco Mundial. Detalló el impacto que tiene el cierre de escuelas en el aprendizaje de los estudiantes en América Latina y el Caribe (vea la presentación aquí). Sin embargo, Di Gropello reconoció que la región ya estaba enfrentando una crisis educativa antes del comienzo de la pandemia. Por ejemplo, 51 porcentaje de los niños y las niñas no alcanzaron las competencias mínimas de lectura al finalizar la escuela primaria, además, los estudiantes de 15 años de América Latina están tres años por detrás de los estudiantes de la OCDE en lectura, matemáticas y ciencias. Estas brechas también varían mucho dentro de los países. Di Gropello sostuvo que aproximadamente 170 millones de estudiantes en la región fueron afectados por el cierre de las escuelas y hacia el final de 2020, los estudiantes habían perdido un promedio de 159 días de aprendizajes presencial, además la mayoría de los países latinoamericanos permanecen cerrados de manera parcial o total.

A pesar de que los países han implementado una variedad de esfuerzos para brindar aprendizajes, ya sea en forma completamente remota, híbrida o mediante radio y/o materiales impresos, Di Gropello enfatizó que la educación a distancia no puede reemplazar la educación presencial por tres motivos principales: 1) es difícil mantener la participación y el interés de los estudiantes, especialmente cuando carecen de dispositivos, 2) es un desafío para los docentes apoyar y monitorear las necesidades de los estudiantes y 3) la efectividad de la educación a distancia es limitada. Sobre todo, remarcó que el impacto de la pandemia puede estar ampliando las brechas socioeconómicas y aumentado las inequidades y esto podría implicar que los estudiantes más ricos lleguen a estar tres años de escolaridad por delante de sus compañeros más pobres a la edad de 15 años.

Luego, Di Gropello resumió un plan de tres fases que tiene como objetivo realizar un llamado urgente a la acción para enfrentar los desafíos educativos causados por la pandemia. Las tres fases son:

  1. Enfrentar la pandemia: mientras las escuelas siguen cerradas es importante mitigar la pérdida de aprendizajes y evitar la deserción escolar.
  2. Gestionar la continuidad: a medida que las escuelas reabren, es necesario mantener las escuelas seguras, concentrarse en medidas remediales de pérdidas de aprendizajes, evitar deserciones y mejorar el bienestar.
  3. Mejora y aceleración: durante todo el ciclo es esencial aprovechar las oportunidades para mejorar el sistema en el largo plazo, aumentar el financiamiento educativo y recuperar y mejorar las respuestas a la pandemia que fueron exitosas.

Además, mencionó los cuatros pilares sobre los cuales los gobiernos deben tomar medidas para asegurar que las escuelas estén listas para reabrir de manera segura y efectiva a nivel nacional:

  1. Oportunidades seguras: seguir protocolos de higiene, mejorar instalaciones, limitar la cantidad de estudiante por escuela y priorizar los primeros grados.
  2. Aprendizajes: adaptar el currículo y el calendario académico, realizar evaluaciones diagnósticas, implementar programas remediales y fortalecer modelos de enseñanza híbrida.
  3. Inclusión de los estudiantes más marginados: destinar recursos e implementar medidas focalizadas puede ayudar a atraer a los grupos vulnerables de regreso a la escuela.
  4. Bienestar y protección: dar apoyo psicosocial y de salud mental puede ayudar a mitigar los impactos secundarios.

Para concluir, sostuvo que la pandemia representa una oportunidad para reconstruir sistemas educativos que prioricen el aprendizaje de los estudiantes y que hay ejemplos destacables de innovaciones que podrían institucionalizarse.

Raúl Figueroa Salas inició su presentación con una descripción de la colaboración entre el Ministerio de Educación de Chile y el Banco Mundial que tiene como objetivo utilizar herramientas que permitan generar un diagnóstico que muestra cómo la pandemia afecta de manera muy fuerte los aprendizajes, deteriorándolos e incrementando brechas. Así como también aumenta el riesgo de deserción y afecta el bienestar socioemocional de los niños. En Chile, al principio de la pandemia los esfuerzos se concentraron en medidas sanitarias y la suspensión de clases para poder enfrentar el aumento de casos. Esta suspensión de clases generó muchas consecuencias negativas y por tanto se produjeron contenidos didácticos brindados a través de distintas plataformas en línea de acceso gratuito, la televisión y la radio. Además, se modificó por completo el sistema de comedores escolares.

Si bien los esfuerzos para mitigar las consecuencias negativas del cierre prolongado de escuelas continúan, hoy en día el foco principal del gobierno chileno es lograr recuperar al máximo, en la medida que las condiciones sanitarias lo permitan, los espacios de presencialidad en las escuelas. Esto se está intentando desde el año 2020, logrando que en julio de ese año pudieran reabrir algunas escuelas y hacia finales de 2020 el 15% de las escuelas estuviesen abiertas.

Figueroa enfatizó que un componente clave para el proceso de la reapertura en Chile es restaurar la confianza entre padres, docentes y estudiantes, mostrándoles que se pueden combinar las medidas sanitarias con la presencialidad y que hay evidencia internacional que sostiene que el aula es un lugar seguro. Para esto se elaboraron estrictos protocolos junto con el Ministerio de Salud y se formó un consejo asesor donde participan organismos internacionales como UNESCO y UNICEF, organizaciones nacionales, expertos en salud y educación, docentes, entre otros. Además, el ministro citó un estudio conducido junto con el Ministerio de Salud que muestra que el 89 porcentaje de las escuelas que estaban abiertas en marzo no tuvieron ningún caso de Covid-19 y solo el 2.5 porcentaje de las escuelas abiertas tuvieron más de dos casos. Este estudio sumado a la evidencia internacional mostró que la reapertura segura es posible y brindó información a la población que permitió aumentar la confianza. Las distintas medidas fueron acompañadas por una priorización en la vacunación a todos los trabajadores de la educación, logrando que al día de hoy aproximadamente el 90 porcentaje de los trabajadores esté vacunado y el 95 porcentaje ya tiene la segunda dosis. El porcentaje restante optó por no vacunarse. Esto da mayor seguridad a la reapertura.

Lo fundamental es no solo abrir las escuelas sino también hacerse cargo de las consecuencias negativas que tiene el cierre en los aprendizajes. En este sentido Figueroa mencionó que Chile creó un plan llamado Chile Recupera y Aprende que tiene tres ejes: 1) la recuperación de aprendizajes, 2) el bienestar socioemocional y 3) la retención y reinserción de quienes abandonaron el sistema. Para esto se utiliza un sistema de alerta temprana y la herramienta de gestión de contacto con los alumnos. Estas estrategias permitieron recuperar 6 de cada 10 estudiantes que habían perdido todo contacto con su escuela. También llevaron a cabo el Diagnóstico Integral de Aprendizajes que permite que las escuelas puedan diagnosticar el estado socioemocional y los niveles de aprendizajes en lengua y matemática de todos los estudiantes.

Priscila Cruz destacó algunos de los efectos negativos que tuvo la pandemia en la educación en Brasil, incluyendo un deterioro en la relación entre docentes y estudiantes, en el aprendizaje y en la salud mental y física. Cruz identificó que la colaboración de los gobiernos con la sociedad civil para enfrentar desafíos emergentes ha sido clave. También describió tres áreas principales en las cuales la sociedad civil puede tener un mayor rol: primero, centrarse en la gobernanza, y la cooperación entre los distintos ministerios (educación, salud, social, deportes, y finanzas), la legislatura y el poder judicial. Por ejemplo, Todos Pela Educação ayudó al Congreso Nacional de Brasil a aprobar un nuevo programa de redistribución de inversión (FUNDEB). Segundo, tomar medidas de políticas de emergencia en un corto plazo, por ejemplo, evaluaciones de aprendizaje, capacitación y formación docente y estrategias para mejorar la participación de estudiantes y familias. Tercero, definir políticas públicas que destinen más tiempo, dinero y esfuerzos de gestión para cerrar las brechas de aprendizaje.

Estas políticas deberían enfocarse en tres áreas principales:

  1. El desarrollo infantil y la reducción de inequidades.
  2. La formación inicial docente pedagógica y sobre el uso de la tecnología.
  3. La modernización de escuelas secundarias para reducir las tasas de deserción.

Para concluir su presentación, Cruz enfatizó que la mayoría de los desafíos educativos en la región hoy en día no son problemas técnicos, sino problemas políticos. Los presidentes, la sociedad y los ejecutivos tienen que estar convencidos de la necesidad de aumentar el nivel de inversión en la educación.

Continuó exponiendo Sandra García, quien se preguntó hasta cuándo seguiremos utilizando la frase “mientras sigan los colegios cerrados” y remarcó que la reapertura escolar en la región ha sido mucho más lenta que en cualquier otra región, en parte porque la pandemia ha golpeado mucho más duro a América Latina, pero también en parte porque ha sido mucho más lentos en prepararse y apoyar a las escuelas en la emergencia. Coincidió también con el estudio del Banco resaltando que la educación a distancia no puede reemplazar la educación presencial, sobre todo en lo que tiene que ver con las interacciones y las posibilidades de motivar a los estudiantes y con asegurar su permanencia.

García indicó que para poder apoyar a los países en la preparación de la reapertura es indispensable tener criterios claros respecto a cuándo abrir y cerrar las escuelas, por eso las alianzas, la gobernanza y la articulación entre salud y educación es fundamental para tener esos criterios. Y lo segundo es conocer cuáles son las condiciones básicas para poder abrir de manera segura y aquí es importante considerar que no es una decisión de reabrir todas las escuelas o ninguna, es una decisión que puede variar a nivel local. Se debe poder definir qué es una escuela segura de acuerdo al contexto. Por eso, García presentó tres recomendaciones principales para la reapertura: primero, priorizar zonas con estudiantes que necesitan más la presencialidad, como por ejemplo estudiantes de zonas rurales. Segundo, se debe resolver el tema político y de resistencia de algunos sectores (por ejemplo, padres de familias y grupos de docentes) y para esto es importante realizar una buena comunicación, brindar buenos lineamientos y construir confianza. Tercero, priorizar la vacunación de docentes.

Por último, para mejorar los sistemas de educación en la región, es necesario compartir experiencias, contenidos y metodologías entre la región, para poder potenciar los aprendizajes. También es necesario invertir en la profesión docente, apoyarlos, capacitarlos e incentivar su crecimiento. Los países deben contratar más docentes y considerar este momento como una oportunidad para impulsar la formación docente (inicial y continua).

Jaime Saavedra habló de lo importante que es tener consciencia del sentido de la urgencia que es necesaria hoy y que hay una diferencia entre la crisis sanitaria que se golpea tan fuertemente a la región en el corto plazo y la generación de una crisis educativa nunca antes vista en la región, con un impacto menos visible en el corto plazo, pero con consecuencias catastróficas en el bienestar y productividad futuro en el largo plazo.

Remarcó cuatro puntos principales:

  1. Recursos fiscales: hay que seguir invirtiendo en educación y proteger y expandir los recursos que van a educación.
  2. Medición: se debe tener mucho énfasis en la evaluación de lo que está pasando con los aprendizajes, a todo nivel; asegurar que los docentes sepan dónde está cada uno de los niños y regresar a las evaluaciones nacionales para saber dónde está como país, cuánto se retrocedió y quién retrocedió.
  3. Escuelas: entender la urgencia de la crisis de aprendizajes que ya estábamos viviendo anteriormente y luego de la crisis va a ser muchísimo más grave.
  4. Reapertura: se debe usar de una manera mucho más eficiente la evidencia respecto a cómo abrir.

Tenemos la oportunidad de transformarse a un sistema distinto al de antes de la pandemia, que sea mejor y más equitativo. Y para hacer esto es indispensable atender a las lecciones que deja la pandemia. Una de esas lecciones es cerrar la brecha digital inmediatamente, otra es reconocer el rol crucial que tienen los docentes en el proceso educativo y reconocer que la educación es un proceso de interacción humano: una buena educación requiere de un buen maestro, es momento de profesionalizar la carrera docente. Por último, la educación debe ser resiliente, tiene que haber una continuidad del proceso educativo entre la escuela y el hogar y trabajar para reducir las inequidades que existen al nivel no solamente de las escuelas sino también de los hogares. Asegurar que tecnología, libros, conectividad y apoyo a los padres sea parte de la política educativa.

Ariel Fiszbein ofreció las palabras de cierre, destacando los mensajes claves brindados por los panelistas:

  • Hubo un consenso general respecto a la urgencia y la gravedad de lo que estamos viviendo y que a la vez esta situación tendrá efectos muy dañinos a largo plazo. Esto nos llama a todos a cooperar en términos de lo que es una verdadera y profunda crisis educativa.
  • Mucha de la energía está puesta en la reapertura, pero el esfuerzo de reapertura y acomodamiento es un esfuerzo muy a largo plazo. Hay que hacer mucho esfuerzo por varios años y esto requiere un plan comprensivo.
  • Quedó muy claro el desafío desde el punto de vista de financiamiento y también las inversiones profundas que eran necesarias antes de la pandemia pero que ahora son vitales. Esta inversión no puede ser solamente una inversión pública, sino que también tiene que ser de carácter privado.
  • Es necesario apoyar a los docentes para que puedan responder. Este desafío ya existía antes pero ahora es más urgente.
  • No se pueden olvidar los aspectos pedagógicos. Es necesario adaptar los currículos, establecer metas que prioricen los aprendizajes básicos y estrategias de recuperación y para esto es imprescindible tener información, saber cómo están los estudiantes. Esto requiere de evaluaciones diagnósticas para poder implementar estrategias efectivas orientadas a reducir las brechas de aprendizajes.

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