Evaluando el impacto de la pandemia en el desarrollo de los niños y niñas en América Latina y el Caribe

participantes del evento con foto del evento de niños jugando Cottonbro / Pexels/ CCO

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El 9 de diciembre del 2020, la Red Regional de Medición del Desarrollo Infantil (REMDI) junto al Diálogo Interamericano y la Oficina Regional de UNICEF, convocaron un seminario virtual para presentar el informe “Midiendo el impacto de la Covid-19 en los niños y niñas menores de seis años en América Latina: Mapeo de encuestas en curso y sistematización de lecciones aprendidas” elaborado por Gabriela Guerrero (GRADE). Este informe reúne los esfuerzos realizados en los países de América Latina y el Caribe para medir los efectos de la pandemia en la primera infancia.

Este evento digital contó con la participación de Gabriela Guerrero, investigadora principal del Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE); Claudia Zamora, encargada nacional del Programa Educativo de Chile Crece Contigo en el Ministerio de Desarrollo Social; y Ricardo Bucio, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) de México. Ariel Fiszbein, director del programa de Educación del Diálogo Interamericano, y Giorgina Garibotto, coordinadora de la secretaría técnica de la REMDI, dieron la bienvenida a los participantes. El seminario fue moderado por Mónica Rubio, asesora regional de políticas sociales de UNICEF LACRO. El evento contó con la participación de 126 personas de diversos países de la región.

En este nuevo contexto de pandemia, el desarrollo infantil en América Latina y el Caribe ha sido especialmente afectado. El aislamiento social, el acceso limitado a servicios, y los cierres de centros de educación y de cuidado infantil, han presentado retos para millones de niños y niñas en la región. Por ello, se vuelve urgente promover un intercambio de lecciones aprendidas respecto a la generación de evidencias y las mediciones del bienestar y el desarrollo en la primera infancia ante la pandemia. Esto permitirá identificar oportunidades y desafíos para la elaboración de políticas públicas eficientes basadas en evidencia para atender y mejorar los sistemas de desarrollo infantil y prestaciones de servicios durante la pandemia y a futuro.

Gabriela Guerrero presentó los principales objetivos del informe sobre encuestas en curso en América Latina. Mediante este mapeo inicial, se busca identificar temas e intereses comunes entre las encuestas implementadas en distintos países para poder analizar fortalezas y desafíos en el diseño y adaptación de este tipo de ejercicios de medición, en particular durante un contexto de distanciamiento social.  

Guerrero identificó los criterios utilizados para elegir las encuestas analizadas. En primer lugar, miden el impacto de la pandemia en niños y niñas menores de 6 años e incluyen información sobre cómo la pandemia ha afectado el acceso y uso de servicios y programas para la primera infancia. Además, miden alguna dimensión del desarrollo infantil, y relevan información en hogares con niños y niñas menores de 6 años a través de encuestas no presenciales y a nivel nacional y/o local. Este informe fue realizado a través de información proporcionada por expertos de primera infancia en el sector público, privado y de sociedad civil sobre las encuestas implementadas en la región. Los encargados del diseño e implementación de estas mediciones fueron entrevistados con el fin de ampliar y recabar mayor y mejor información sobre cada estudio. El mapeo de encuestas se hizo en el bimestre agosto-octubre de 2020 e identificó diez encuestas en curso en América Latina, de las cuáles seis fueron telefónicas y cuatro en línea. Se entrevistaron a 26 profesionales involucrados en el diseño e implementación de las mismas.

Tras delinear los objetivos y metodología del informe, Guerrero presentó los principales hallazgos del mapeo de mediciones. En primer lugar, Guerrero estableció que la encuesta telefónica es la opción más sólida desde un punto de vista metodológico. Debido a que la información debe ser recolectada de forma remota, las encuestas telefónicas pueden tomar una muestra más representativa de hogares con niños y niñas a nivel nacional. Con respecto a las encuestas en línea, su alcance puede tener limitaciones como falta de conectividad y acceso a dispositivos. En algunos contextos emerge un sesgo de representación en las encuestas en línea debido a la exclusión de zonas rurales y comunidades vulnerables. Además, los medios usados para difundir las encuestas también sesgan la composición final de la muestra, puesto que no alcanzan a la mayoría de la población. No obstante, las encuestas en línea ayudan a balancear la ambición de recolectar información sobre la mayor cantidad de aspectos con los límites de tiempo que enfrentan quienes responden.

En segundo lugar, Guerrero resaltó la utilidad de apoyarse en encuestas previamente implementadas ya que incorporan un marco muestral, formulación de preguntas, y comparabilidad con resultados de encuestas anteriores. Asimismo, incorporar instrumentos internacionales administrados en otros países abre la posibilidad de realizar comparaciones regionales. De acuerdo con Guerrero, el informe confirmó que solo dos de diez encuestas midieron alguna dimensión de desarrollo infantil socioemocional. En otras cinco encuestas se incluyeron preguntas sobre bienestar emocional de los niños y niñas, como cambios en estados de ánimo y conductas. En algunas encuestas se pudo constatar que se adaptaron instrumentos reconocidos internacionalmente, como el Child Behavior Checklist (CBCL), para relevar esta dimensión. No obstante, no se hallaron encuestas relevadas que hayan visibilizado otros aspectos del desarrollo infantil, como la dimensión cognitiva y lingüística, debido a las dificultades para capturarlos en encuestas telefónicas o en línea a gran escala. Otro hallazgo que Guerrero compartió fue el aumento de incidentes reportados de violencia de género e infantil en el hogar. A pesar del gran desafío que implica esta situación, en nueve de diez encuestas se consideró necesario recaudar información sobre el tema. Se registró el uso de castigos físicos; el incremento de tensiones y conflictos entre miembros del hogar; y situaciones de violencia doméstica que incluyó violencia contra niños y niñas.

Se identificó que solo cinco de diez encuestas mapeadas se concentraron específicamente en niños y niñas menores de 6 años, mientras que solo una de ellas recaudó información a nivel nacional. Por último, Guerrero destacó que la encuesta es una herramienta importante, pero no es la meta final. Es fundamental tener un plan de uso de información desde el momento de diseño inicial de la encuesta, buscando involucrar a los usuarios potenciales de la misma, especialmente aquellos en el sector público

En respuesta a la presentación de Gabriela Guerrero, Claudia Zamora presentó la experiencia de Chile. Zamora remarcó que los niños y niñas no han sido priorizados durante la pandemia, ya que no fueron considerados un grupo de riesgo ante el virus. Además, señaló la importancia de definir líneas de base y marcos de comparación antes, durante, y después de la pandemia al referirnos al “impacto” del Covid-19 en el desarrollo infantil.  También habló de lo esencial que es identificar a los grupos infantiles que ya experimentaban mayores retos, debido a que no se sabe si los niños y niñas previamente vulnerables son los más afectados o si hay un grupo recientemente más afectado por la pandemia.

Zamora advirtió sobre los riesgos de atribuir causalidad a la informaprición adquirida en las encuestas. A pesar de concluir que las encuestas enfatizaron los efectos negativos de la pandemia como seguridad alimentaria o inequidad de los referentes en el cuidado, Zamora también compartió cómo se han identificado efectos positivos en el desarrollo infantil durante la pandemia.

Algunos de estos efectos positivos incluyen una menor tasa de interrupción de lactancia materna, mejoras en la construcción del apego seguro, reacciones emocionales positivas, entre otros. Además, Zamora resaltó que, en grupos específicos, especialmente niños y niñas con capacidades diferentes o víctimas de bullying, se han identificado beneficios de permanecer en casa, ya que antes de la pandemia enfrentaban dificultades en entornos únicamente presenciales. Ahora que pueden estar en casa, en varios casos han bajado sus niveles de estrés y su sintomatología. Zamora concluyó con un llamado a utilizar la información obtenida a mediano y largo plazo mediante vinculaciones efectivas con tomadores de decisiones y una estrategia activa que permita su difusión para fortalecer mecanismos de protección, promoción y de desarrollo infantil en la región.   

Ricardo Bucio aseguró que el principal reto para niños y niñas no ha sido la infección por Covid-19 en sí, sino la invisibilidad que han experimentado como grupo al no ser priorizados como víctimas de la pandemia. También, destacó la necesidad de evaluar el impacto del confinamiento en el entorno familiar, ya que actualmente las unidades familiares representan el principal espacio de cuidado para millones de niños y niñas en la región. Bucio hizo un llamado a facilitar mayor participación por parte de los padres de familia en las políticas de cuidado, debido a que tiene que haber una vinculación entre las instituciones públicas, privadas y las familias para asegurar un desarrollo infantil integral. Además, habló sobre cómo actualmente padres, madres y cuidadores son participes activos y tienen mayor comprensión sobre lo que les sucede a los niños y niñas dentro del hogar, lo cual puede aprovecharse para profundizar intervenciones que tengan mayores y mejores relaciones entre las instituciones educativas y los núcleos familiares.

Bucio habló sobre tres estudios en México: 1) un estudio que relevó 1500 hogares donde viven niños y niñas entre 0 a 5 años, 2) una encuesta longitudinal realizada por la Universidad Iberoamericana que recolectó información sobre la salud mental y emocional de los cuidadores en 1000 hogares; y 3) un ejercicio de participación a niños, niñas y adolescentes entre 3 a 17 años, donde participaron 578,000 niños y adolescentes. A partir de estos estudios, Bucio recalcó que ocho de cada diez encuestados reportó que su cuidadora principal fue la madre, quien apoya en tareas escolares, acompaña en el juego y dialoga directamente. También, comentó sobre la mayor utilización de teléfonos inteligentes y dispositivos en México, así como la prevalencia de incidentes de violencia doméstica, y los altos índices de ansiedad reportados por padres y cuidadores con niños en etapa de primera infancia. Para concluir su presentación, Bucio aseguró que la pandemia generará un impacto mayor en la población de primera infancia, ya que las mediciones del CONEVAL indican que la población de 0-5 años cuenta con la mayor cantidad de carencias sociales en seis mediciones. Indicó que 13.3 millones de niños y niñas menores de 6 años pueden verse particularmente afectados por los estragos de la pandemia, por lo que se necesitan mediciones de calidad para visibilizar a este grupo en la toma de decisiones y producir intervenciones significativas, como mayor acceso y cobertura en el sistema de cuidados.

El evento concluyó con un reconocimiento por parte de todos los panelistas sobre los diversos retos y oportunidades que generó la pandemia en el desarrollo infantil. Todos los expertos enfatizaron la importancia de continuar esfuerzos para medir estos efectos de manera directa, práctica y comprensiva.

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