Evaluación de aprendizajes en tiempos de Covid-19 — ICAN, una iniciativa de sociedad civil

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El 10 de noviembre, el programa de Educación del Diálogo Interamericano, Medición Independiente de Aprendizajes (MIA) y la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe de UNESCO en Santiago, convocaron un seminario virtual para presentar ICAN (Evaluación Internacional Común de Aritmética Básica) de la Red de Acción Ciudadana por el Aprendizaje (PAL͕ por sus siglas en inglés) y discutir cómo evaluar aprendizajes de manera efectiva, rápida y práctica ante un contexto de pandemia y a largo plazo. Los panelistas compartieron sus experiencias con respecto a los retos y las oportunidades presentes para evaluar aprendizajes en contextos presenciales y durante la pandemia en América Latina y el Caribe.

Este encuentro digital contó con la participación de Felipe Hevia de la Jara, investigador de CIESAS, co-responsable del proyecto MIA-México y parte de la Red PAL; Carlos Henríquez Calderón, coordinador del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de UNESCO; y Blanca Heredia, directora y profesora-investigadora del Programa Interdisciplinario sobre Política y Prácticas Educativas en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). El seminario fue moderado por Ariel Fiszbein, director del programa de Educación en el Diálogo Interamericano y contó con la participación de Claudia Uribe Salazar, directora de la Oficina Regional de Educación para América Latina de UNESCO en Santiago. El evento contó con la asistencia de 292 participantes.

Felipe Hevia presentó ICAN, una evaluación de código abierto desarrollada mediante una colaboración Sur-Sur y alineada con Objetivos de Desarrollo Sostenible ((ODS 4.1.1 (a)) para establecer diagnósticos rápidos y sencillos de replicar para toda la región. Tomando en cuenta la importancia de evaluar aprendizajes bajo distintos lentes que se complementen, Hevia explicó la función de ICAN como un instrumento diagnóstico efectivo y fácil de aplicar, proveniente de la sociedad civil. Creado antes de la pandemia para reducir rezagos de aprendizajes básicos en primaria, ICAN es una herramienta accesible, robusta, flexible, de uso fácil y disponible en lenguas indígenas, que mide aprendizajes matemáticos mediante tareas sencillas organizadas en bloques temáticos. La evaluación incluye preguntas de orientación espacial, visualización de datos sencillos, operaciones simples, reconocimiento de números y resolución de problemas cotidianos, entre otros. Este diagnóstico también cuenta con cuestionarios contextuales enfocado a niños y niñas, padres de familia y miembros de la comunidad escolar.

La Red Acción Ciudadana por el Aprendizaje (Red PAL), creadora de ICAN, se constituyó en 2015 como una alianza Sur-Sur de organizaciones de tres continentes. Actualmente, cuenta con miembros en 14 países y busca determinar los aprendizajes básicos de niños, niñas y adolescentes en lectura y matemáticas. En 2019, ICAN abarcó 13 países en 3 continentes, evaluando a más de 20,000 niños y niñas. Los resultados indicaron niveles considerables de deserción escolar y rezagos en aprendizajes básicos en matemáticas. En países como México, niños y niñas que ingresan a la secundaria tienen rezagos de conocimientos y habilidades fundamentales en matemáticas. De acuerdo con Hevia, algunos de los principales usos de ICAN son: el seguimiento de los objetivos de desarrollo sostenible en municipios, estados y países; el seguimiento de niños, niñas, adolescentes y jóvenes dentro y fuera de las escuelas; orientaciones para políticas educativas en aritmética; e investigación sobre equidad y factores asociados al logro educativo. Hevia detalló los beneficios de contar con un diagnóstico que pueda aplicarse individualmente de manera oral, cuyos resultados maximizan el desempeño de cada estudiante. Además, en el contexto de pandemia, resulta mucho más seguro aplicar este protocolo con sana distancia en los hogares que solicitar que los niños salgan a realizar una prueba.

Carlos Henríquez resaltó la importancia de crear alianzas público-privadas y expandir redes nacionales e internacionales para que distintos tipos de diagnósticos puedan hacer sinergia en la misma dirección. Desde su trabajo en el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE), Henríquez se ha concentrado en medir los logros de aprendizaje mediante el Estudio Regional Comparativo y Explicativo, que presentó su cuarta versión, ERCE, en 2019. El objetivo principal de estas evaluaciones es monitorear la calidad de la educación en la región para así informar el debate y orientar la toma de decisiones. Las evaluaciones de LLECE mostraron que existen retrasos importantes en aprendizajes básicos en matemáticas y lectoescritura, así como brechas de género y de poblaciones indígenas. Henríquez coincidió con Hevia sobre la importancia de concentrarse no solo en el acceso, sino en las trayectorias de aprendizaje de los estudiantes. Para lograr esta medición, se debe resaltar el rol de la evaluación sumativa, diagnóstica y formativa como complementos para pruebas nacionales e internacionales.

Henríquez reconoció la naturaleza inclusiva de ICAN como uno de sus mejores atributos, puesto que sus métodos de evaluación personalizados y flexibles permiten entender la magnitud de los rezagos en los aprendizajes y generan oportunidades para desarrollar competencias básicas. Además, celebró la inclusión inédita de niños y niñas, incluidos aquellos fuera del sistema escolar. Henríquez destacó la necesidad de medir trayectorias de aprendizaje en los primeros niveles mediante diagnósticos tempranos como ICAN, puesto que identificar rezagos de aprendizaje en las etapas iniciales educativas puede tener efectos significativos en el futuro de millones de estudiantes en niveles superiores. “No es posible mejorar aquello que se desconoce,” dijo Henríquez, quién sostuvo que la evaluación no debe ser el fin, sino un medio para conectar la enseñanza con el aprendizaje. Por último, enfatizó el valor de colaboraciones entre la sociedad civil, gobiernos y organizaciones no gubernamentales para cumplir la agenda 2020-2030 de desarrollo sustentable.

Blanca Heredia discutió cómo los esfuerzos tanto de Hevia como de Henríquez para enriquecer la evaluación como una herramienta que aporta al bienestar y aprendizaje de estudiantes, y no se concentra solamente en la matriculación. Heredia resaltó el valor de ICAN como un diagnóstico que integra a la comunidad, incluyendo a docentes y padres de familia, de manera directa. A pesar de la innegable importancia de pruebas nacionales e internacionales, la panelista destacó la importancia de contar con complementos de evaluación que involucren a las comunidades para identificar las trayectorias de aprendizajes y actuar en relación a dónde se encuentra cada niño y niña en términos de conocimientos y habilidades fundamentales. Por último, Heredia habló del potencial de una prueba como ICAN dentro de un contexto de pandemia, puesto que la mayoría de los países en América Latina aun no saben que tan extensos serán los rezagos de aprendizajes para millones de estudiantes recibiendo una educación remota.

El evento concluyó con una breve ronda de preguntas de la audiencia sobre los roles que pueden tener las evaluaciones para recuperar pérdidas dramáticas de aprendizajes y capital humano en la región, uno de los efectos más reales y difíciles de medir en el contexto actual. Los panelistas concordaron en la importancia de contar con retroalimentaciones veloces y efectivas que permitan ligar evaluaciones con mejoras concretas. También enfatizaron la importancia de complementar evaluaciones nacionales e internacionales con instrumentos innovadores como ICAN. Por último, se resaltó la necesidad de visibilizar y ayudar a estudiantes que claramente se están quedando atrás dentro y fuera del sistema educativo.

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