Latin America Advisor

A Daily Publication of The Dialogue

¿Está Duque Estableciendo la Mejor Trayectoria Para la Seguridad de Colombia?

Photo: @IvanDuque via Twitter. Photo: @IvanDuque via Twitter.

El 6 de febrero, el presidente colombiano Iván Duque anunció una nueva política dura de seguridad que prohíbe el cese de hostilidades bilaterales, comprometiéndose a preservar las opciones militares del país para “no permitir que la violencia y el terror sean métodos para obtener derechos y privilegios”. La táctica de cese de hostilididaes bilaterales fue usada por el gobierno anterior para auspiciar conversaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN, por sus siglas en inglés), y el antiguo grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC. La nueva estrategia también propone que un millón de colombianos se unan a una “red ciudadana” que informaría sobre actividades ilegales y apoyaría a los militares y la policía. Un día después, el ELN liberó a un soldado colombiano, el cuarto rehén liberado en menos de una semana. ¿Qué tan bien está respondiendo el gobierno de Duque a la violencia de guerrillas en Colombia? ¿Cuáles son las partes más importantes de la nueva política de seguridad y qué consecuencias tendrá? ¿Se dirigirán el ELN y los funcionarios colombianos a la mesa de negociación en el corto plazo?

Humberto de la Calle, ex vicepresidente, ministro del interior y negociador principal en el proceso de paz con las FARC en Colombia: “Después de una mejora significativa en las cifras de seguridad, particularmente en las áreas de homicidios y secuestros, preocupaciones y amenazas que se creía haber superado han surgido. Esto ha llevado al presidente colombiano a preparar una política de seguridad que se enfoca en varios puntos: primero, la participación ciudadana, mediante la creación de una red civil formada por un millón de informantes. La segunda es permitir la portación de armas: el Ministerio de Defensa ha sido autorizado para aplicar excepciones a la prohibición de las armas de particulares. Tercero es controlar el consumo de narcóticos. La permisividad de las llamadas dosis mínimas ha desaparecido, y la policía ahora está autorizada para confiscar tales cantidades de drogas. El cuarto: condiciones más duras contra la guerrilla sobreviviente; las conversaciones con el ELN solo se reanudarían si cesan las hostilidades. Y quinto, la revisión del acuerdo que puso fin al conflicto con las FARC. Es demasiado pronto para evaluar los resultados de esta política de seguridad, y existe una división de opiniones. Hay temores sobre la posibilidad del resurgimiento de organizaciones de autodefensa, como ha ocurrido en el pasado. La dificultad de reiniciar un diálogo con el ELN es clara, dada la posición de línea dura del gobierno. Y en cuanto a las FARC, existe un cierto grado de incertidumbre sobre el camino que tomará el gobierno con respecto al acuerdo de paz, más allá de las declaraciones de compromiso “.

María Victoria Llorente, directora ejecutiva de la Fundación Ideas para la Paz en Bogotá: “El presidente Iván Duque fue elegido por su retórica dura frente a la paz, el problema de las drogas y el régimen de Maduro. Sus políticas de defensa y seguridad responden a ese mandato, aunque está claro que el absurdo ataque del ELN contra la escuela de policías, que dejó más de 197 víctimas, impulsó la radicalización de su posición. El incidente precipitó su decisión de cerrar el diálogo con este grupo y tomar una posición cuestionable al ignorar los protocolos acordados con el ELN en caso de finalizar las negociaciones. Se presentó la perspectiva que enfatiza las amenazas terroristas y el narcotráfico, una similar al enfoque de seguridad nacional del ex presidente Álvaro Uribe. En estas condiciones, es poco probable que las negociaciones con el ELN se reanuden en lo que queda de esta administración. Esto se ve agravado por el declive del proyecto bolivariano en la región. Hace una década, cuando la izquierda ascendía democráticamente en varios países de América Latina, era estratégico que el “chavismo” desmovilizara a los grupos insurgentes colombianos, por eso Chávez jugó un papel clave para que el proceso de paz con las FARC despegara. Ahora, por el contrario, es conveniente para el régimen de Maduro que el ELN sea un factor desestabilizador para Colombia. Históricamente, el ELN ha tenido una retaguardia en el país vecino, que en los últimos años se ha fortalecido más allá de la zona fronteriza. En tal contexto, la confrontación con el ELN debe entenderse como una “guerra de proximidad” que existe más allá de la frontera y que será difícil de contener sin la cooperación de Venezuela. Y no olvidemos a los disidentes de las FARC, quienes operan cerca de la frontera, y el riesgo de que el ex jefe de la delegación negociadora, Iván Márquez, abandone el proceso debido a la incertidumbre causada por la dura implementación de los acuerdos de paz. “La paz y la estabilidad en Colombia están fuertemente vinculadas con el desarrollo de la crisis venezolana, donde la alianza entre Colombia y Estados Unidos será decisiva”.

María Vélez de Berliner, directora general de RTG-Red Team Group, Inc.: “Su línea dura contra el Ejército de Liberación Nacional y su hábil manejo de la implosión de Venezuela favorecen hasta ahora la posición de Duque. Sin embargo, la extorsión, los asesinatos y los robos a punta de cuchillo, los asaltos, el reclutamiento de menores en organizaciones criminales y otros delitos cometidos por guerrilleros, disidentes de las FARC y diversas pandillas plagan las zonas urbanas y rurales. La inseguridad le dio a Duque el fundamento para privatizar las fuentes y los métodos de las funciones policiales y militares a las redes nacionales de ciudadanos. Estas redes parecen ser factibles en un país conocido por sus policías y militares débiles, corruptibles y corruptos, y por una judicatura sobrecargada, inefectiva y comprometida. Sin embargo, esta subcontratación de la seguridad no es un buen augurio para Colombia, con su historial de violencia asesina intra-personal e intra-país, y de una presunción de un derecho a corregir agravios, amenazas o errores personalmente. Estas redes no supervisadas, no responsables y autonombradas aumentan la amenaza y el riesgo de que se convierta en una red revivida de informantes y milicias como lo fue “Convivir”, la cual el ex presidente y actual senador Álvaro Uribe formó. Operarios de ‘Convivir’ torturaron y asesinaron a opositores de pandillas que competían entre sí, pero también a antiguos amantes, compañeros y amigos celosos, malos socios comerciales, vecinos ruidosos y grupos despreciados, simplemente porque alguien los señaló como enemigos de ‘Convivir’ o enemigos u oponentes del gobierno. Duque debe disminuir la criminalidad y la violencia a nivel nacional. Pero la historia de violencia y traición personal en Colombia minimiza a las redes de ciudadanos como solución a la inseguridad generalizada. Con base en la historia, es probable que se produzca una explosión de violencia a partir de esta versión revivida de ‘Convivir’, la cual se transformó en las ‘Autodefensas Unidas de Colombia’, o AUC, en última instancia, un poderoso cartel de cocaína que operaba bajo la protección de algunos policías y militares”.

Nota del editor: Con agradecimiento reconocemos a El Heraldo de Mexico por su colaboración para que el contenido anterior esté disponible en español.

 

The Latin America Advisor features Q&A with leaders in politics, economics, and finance every business day. The publication is available to members of the Dialogue’s Corporate Program and others by subscription.