El rol de Japón en la recuperación post-Covid-19 en América Latina y el Caribe

Toshimitsu Motegi IAEA ImageBank | Wikimedia Commons | CC-BY-SA-2.0

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El panorama económico para la región de Latinoamérica y el Caribe (ALC) está entre los peores del mundo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó una contracción del PIB real de 8,1 por ciento en 2020, y prevé que el PIB de la mayoría de los países no se recuperé a niveles prepandémicos hasta el 2023, mientras que el PIB real per cápita no se recuperará hasta 2025, por lo menos. Estas cifras son especialmente preocupantes cuando son comparadas con las proyecciones generales del FMI para los mercados emergentes/economías en desarrollo y las economías avanzadas, las cuales estima se han contraído un 3,3 por ciento y un 5,8 por ciento en 2020, respectivamente.

El panorama de la inversión extranjera para la región es igualmente preocupante. Como señaló Ana Novik, jefa de la División de Inversiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en un evento en línea del Diálogo Interamericano y la Fundación Chilena del Pacífico el 1 de diciembre, los flujos globales de inversión extranjera directa (IED) se redujeron en un 50 por ciento en el primer semestre de 2020, en comparación con el segundo semestre de 2019. La Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha pronosticado una fuerte caída similar de 45 a 55 por ciento en los flujos de IED hacia la región de ALC, debido a las alteraciones causadas por la pandemia.

En este contexto, la colaboración y la asistencia de los socios económicos que tienen una extensa historia con la región es sumamente importante. Como se indicó en un informe de la OCDE de diciembre de 2020, el cual habla sobre la respuesta de la región de América Latina y el Caribe a la pandemia, será necesario que la región colabore con sus principales socios económicos. De este modo, la región no sólo podría obtener apoyo y cooperación internacional para garantizar la movilización de recursos a nivel mundial para la producción y distribución de vacunas, sino que también se beneficiaría del intercambio directo de conocimientos, el diálogo sobre políticas públicas, y la transferencia de tecnología para garantizar una recuperación sostenible y duradera.

De los muchos socios económicos de la región, Japón tiene un papel prometedor que desempeñar en cada una de las esferas mencionadas, y de hecho ya está apoyando activamente la respuesta de la región al Covid-19. En mayo de 2020, por ejemplo, el gobierno de Japón aportó 2,7 millones de dólares a la Organización Panamericana de la Salud para ayudar a la región a afrontar problemas relacionados con la pandemia. Más recientemente, el gobierno japonés extendió una ayuda de emergencia de 8,8 millones de dólares a América Central para ayudar con los esfuerzos de alivio, después de una temporada de huracanes devastadora. Según Satoshi Yoshida, Director General del Departamento de América Latina y el Caribe de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), quien participó en un evento del Diálogo Interamericano celebrado el 9 de diciembre, JICA también ofreció asistencia de corto plazo a América Latina y el Caribe mediante el suministro de equipo como máscaras, guantes y equipos de pruebas, así como mediante una serie de seminarios en la web. A mediano plazo, la organización se centrará en el fortalecimiento de la capacidad del sector de salud, entre otras áreas. Como ha sucedido en otros momentos difíciles, el sector privado de Japón también ha mantenido el rumbo en ALC en los últimos meses, incluso buscando nuevos proyectos en algunos casos.

La visión de Japón sobre su relación con ALC

A pesar de la reciente transición de liderazgo, Japón sigue comprometido, como señalaron nuestros panelistas en nuestros eventos de diciembre, con su política de mayor colaboración con la región de América Latina y el Caribe. La clave de este compromiso es la política de «Juntos», que fue anunciada durante el viaje del Primer Ministro Abe a São Paulo en 2014 en un discurso titulado «Juntos!! Aportando una profundidad infinita a la cooperación entre Japón y América Latina y el Caribe.» En ese momento, Abe sugirió que Japón y ALC progresaran juntos («progredir juntos»), lideraran juntos («liderar juntos») e inspiraran juntos («inspirar juntos»), así como mejoraran el compromiso económico y cooperaran en los asuntos regionales e internacionales, el desarrollo social y económico y el intercambio cultural.

Debido a que una vez fue el jefe de gabinete del ex Primer Ministro japonés Shinzo Abe, el actual Primer Ministro Yoshihide Suga estuvo ampliamente involucrado en la formulación de políticas de la administración de Abe, como señaló Susan Hubbard del Centro Japonés para el Intercambio Internacional en nuestro evento del 9 de diciembre. Por lo tanto, es muy probable que el Primer Ministro Suga conserve aspectos clave de la política exterior del gobierno anterior, incluyendo una relación con ALC basada en los llamados «pilares de la conectividad»: economías, valores y sabiduría. Según la descripción del gobierno anterior, la conectividad económica se consideraba en términos de la promoción mutua de sistemas económicos libres y abiertos, con énfasis en las cadenas de valor mundiales y la infraestructura de calidad. Japón se planteó «liderar junto» con ALC la «conectividad de valores» apoyando conjuntamente el multilateralismo basado en valores y normas. La «conectividad del conocimiento» suponía la colaboración en los objetivos de desarrollo sostenible y el despliegue de enfoques innovadores basados en pruebas para hacer frente a los retos del desarrollo regional.

Además del posible apoyo del gobierno a un compromiso continuo con la región de ALC, existe un amplio apoyo interno en Japón a la asistencia en el extranjero, según Susan Hubbard, incluso a pesar de los desafíos económicos relacionados con la pandemia en el país. Hubbard señaló que actualmente en Japón se está presionando para duplicar el porcentaje de financiación en el extranjero para iniciativas relacionadas con la salud, lo que podría muy bien crear nuevas oportunidades de colaboración con ALC. Suponiendo que se mantenga o incluso se refuerce el compromiso de Japón con la región, el enfoque del país en el desarrollo sostenible, así como su compromiso transparente, ético y de alta calidad en el extranjero, será de vital importancia, especialmente cuando las naciones de ALC entran en este período de recuperación prolongada. La continua promoción de la seguridad humana por parte de Japón en ALC también será sumamente valiosa, especialmente cuando la región se enfrenta a una gran conmoción social y económica.

Hasta ahora en ALC, la labor de Japón en apoyo de la seguridad humana ha incluido la participación en programas multilaterales sobre el control y la prevención del VIH/SIDA en Cuba, asistencia en materia de salud materna en Perú y apoyo a las poblaciones internamente desplazadas en Colombia, entre muchos otros ejemplos. JICA trabaja para promover la seguridad humana a través de una amplia colaboración con los beneficiarios de asistencia, con el objetivo de «comprender los desafíos subyacentes del desarrollo y el contexto sociocultural, y [trata] de diseñar la mejor solución posible de manera colaborativa», según Satoshi Yoshida. Recientemente, en relación con el Covid-19, la estrategia de JICA se centra en mejorar la prevención, la precaución y el tratamiento. La inversión extranjera directa de Japón en ALC y otras regiones también está comprometida con el avance de la seguridad humana, según Susan Hubbard, al «mirar los desafíos desde la perspectiva de los individuos y las comunidades y cómo experimentan la vulnerabilidad en su vida diaria».

Cualquiera que sea el enfoque de la participación japonesa en la región, es muy probable que una parte considerable de ella se realice a través de mecanismos multilaterales. Como mencionó Satoshi Yoshida, de la JICA, «la JICA está plenamente consciente de que por sí sola no puede resolver los abrumadores desafíos a los que se enfrenta la región, por lo que nuestra estrategia consiste en colaborar con nuestros socios, como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, y con el sector privado para llegar a nuestros amigos de ALC con los mejores recursos y soluciones posibles». JICA ha trabajado con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) desde 2011 en el desarrollo de infraestructura de calidad, energía renovable y eficiencia energética a través del programa de Cofinanciamiento de Energía Renovable y Eficiencia Energética (CORE), cuyo valor supera los US$3.000 millones. Las dos instituciones están actualmente en conversaciones para ampliar la colaboración para incluir el sector de salud, con un enfoque en el logro de la cobertura universal de salud y la reducción del riesgo de desastres. La cooperación de Japón con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en la Asociación de Japón y el Caribe sobre el Cambio Climático es otro ejemplo del compromiso de Japón con la asociación multilateral en ALC y otras regiones.

Áreas prometedoras de colaboración

En cuanto a la asistencia internacional para el desarrollo, es muy probable que Japón centre sus esfuerzos a corto y mediano plazo en ALC en el fortalecimiento de los sistemas de salud en toda la región para hacer frente a deficiencias estructurales, considerando, como lo hizo la experta en salud pública Susan Hubbard en nuestro evento del 2 de diciembre, que «el Covid-19 probablemente no será el último patógeno que amenace al mundo entero durante nuestra vida». En los últimos meses, JICA organizó seminarios virtuales con funcionarios de Brasil, América Central, Colombia y Perú para compartir las experiencias de Japón en la lucha contra la pandemia. JICA también proporcionó el desembolso de un préstamo de US$50 millones de sus recursos de emergencia para El Salvador en marzo de 2020, que se utilizó para la construcción de un hospital. Algunas de las instalaciones que JICA ha establecido en la región, como el Hospital Universitario Japonés en Santa Cruz, Bolivia, han sido fundamentales para responder y educar a la población local sobre el Covid-19, según Satoshi Yoshida.

Además de esto, como también señaló Yoshida, JICA se dedica a fortalecer «los sistemas de salud, mejorando los centros de prevención de enfermedades e investigación, así como invitando a investigadores a Japón para [capacitación] en prevención de enfermedades y salud mundial». Un ejemplo de este trabajo es la continua colaboración con el Banco Mundial, para proporcionar una mejor nutrición materna e infantil en Guatemala y para fortalecer los sistemas de salud en Bolivia. Yoshida explicó que JICA también procura proporcionar préstamos en condiciones favorables a los gobiernos de la región, como forma de apoyo presupuestario, y así ofrecer paquetes de emergencia a las personas y empresas vulnerables. Tras el brote de Ébola en el 2014, JICA intensificó sus esfuerzos por fortalecer los sistemas de salud, apoyando la capacidad de fabricación de vacunas, promoviendo las inmunizaciones sistemáticas y concediendo préstamos para la adquisición de vacunas.

También hay una oportunidad importante para mejorar la cooperación entre Japón y América Latina y el Caribe en materia de cambio climático, como señalaron los panelistas de nuestros eventos del 1 y 2 de diciembre. Parte de este trabajo se centrará en el intercambio técnico, compartiendo soluciones tecnológicas y de políticas públicas que Japón ha desarrollado en su país y que pueden ser transferibles a ciertas naciones de ALC. Como explicó Satoshi Yoshida de JICA, «Japón es un país propenso a los desastres y compartimos la sensación de incertidumbre y temor de la región [ALC] frente a estos desastres naturales que se intensifican». Hasta el momento, JICA ha proporcionado subsidios y asistencia técnica, y ha apoyado la reducción y gestión de riesgos de desastres en los países de América Central, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. Susan Hubbard del Centro Japonés para el Intercambio Internacional señaló la urgente necesidad de centrarse también en los efectos del cambio climático en la salud, tanto en lo que respecta a las enfermedades infecciosas como a las numerosas enfermedades crónicas no transmisibles que afectan a la salud pública.

Además de la asistencia internacional para el desarrollo, la inversión directa de Japón en ALC en los próximos años también podría ayudar a hacer frente a la crisis climática. Por ejemplo, un área que es de interés probable es el hidrógeno verde, o el combustible de hidrógeno producido utilizando electricidad de fuentes de energía renovables. Tadashi Omatoi, de Mitsubishi, mencionó la posibilidad de que la región de ALC se pueda convertir en un importante proveedor de hidrógeno verde para el mundo. Añadió que «algunas empresas japonesas poseen una valiosa tecnología en esta área» y que Japón podría potencialmente apoyar la producción y el envío de hidrógeno verde de la región. Vicente Pinto, el comisionado de inversiones de InvestChile para Asia, quien habló en nuestro evento del 1 de diciembre, señaló un interés mutuo en trabajar con Japón en el hidrógeno verde, sugiriendo que hacerlo así apoyaría la seguridad energética de Japón. En la región de ALC, Argentina, Uruguay, Colombia, Costa Rica, Guayana Francesa y Chile ya están desarrollando proyectos de apoyo a la producción de hidrógeno verde. En la conferencia «Chile 2020: Green Hydrogen Summit«, el presidente chileno Sebastián Piñera y el ministro de Energía de Chile, Juan Carlos Jobet, dieron a conocer la estrategia del país para posicionar a Chile como uno de los principales productores de hidrógeno verde para 2040. Jobet declaró que, en un futuro, el hidrógeno verde puede llegar a ser tan importante como la minería para la economía chilena.

La infraestructura es otro posible punto de interés para los inversores y donantes japoneses. Como señaló el Economista Principal del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Martín Rama, en nuestro evento, la infraestructura de calidad «es claramente una de las fortalezas de Japón». Añadió que la necesidad de la región de contar con una infraestructura de calidad representa una oportunidad para mejorar el compromiso de Japón con ALC en los próximos años. Aunque los préstamos del Banco de Cooperación Internacional de Japón (JBIC) se han suspendido desde mediados de 2020, el JBIC ha sido un prestamista activo en ALC para proyectos del sector extractivo y de infraestructura, centrándose en las llamadas Operaciones VERDES, que apoyan la eficiencia energética y el desarrollo de infraestructura de calidad. En marzo de 2020, por ejemplo, el JBIC, en cooperación con la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, emitió una línea de crédito de US$200 millones de dólares para proyectos como el suministro de agua, la prevención de la contaminación del agua y el mantenimiento y la mejora de las redes de distribución de energía eléctrica. Según Satoshi Yoshida, el JICA también proporcionará financiación en condiciones favorables para la promoción de una infraestructura de calidad en la región. Esos fondos están destinados a apoyar una mejor gestión de la infraestructura, incrementar la transparencia, la rentabilidad y durabilidad de la infraestructura, como parte de los principios de inversión en infraestructura de calidad del G-20 promovidos por Japón.

Japón también está bien posicionado para participar con ALC en el desarrollo de soluciones digitales. Como se señala en el documento de la OCDE sobre el panorama de América Latina en el 2020, se prevé que la transformación digital desempeñe un papel fundamental en la recuperación económica de ALC, así como el apoyo a un desarrollo cada vez más inclusivo y sostenible. En nuestra reunión del 1 de diciembre, Tadashi Omatoi de Mitsubishi indicó que las empresas japonesas en efecto aspiran a una mayor participación y cooperación en el desarrollo de la infraestructura digital que promueve el crecimiento económico, incluyendo en las tecnologías relacionadas con 5G y la construcción de cables submarinos de fibra óptica.

El Grupo SoftBank de Japón también ha desempeñado un papel central en la transformación digital de ALC, invirtiendo fuertemente en empresas emergentes (start-ups) de tecnología en toda la región. En 2019, SoftBank lanzó su Fondo para América Latina de US$5.000 millones de dólares, el mayor fondo tecnológico de la historia centrado exclusivamente en la región de ALC. Según VentureSource, la actividad del Fondo para la Innovación ha sido hasta ahora equivalente a todas las inversiones de riesgo (venture investments) en ALC en 2017 y 2018 combinadas, principalmente a través de inversiones en los sectores de comercio electrónico, telemedicina, y tecnologías financieras (fintechs) de la región. Sólo en 2019, SoftBank invirtió US$1.600 millones de dólares en 17 empresas y dos firmas de capital de riesgo, con más del 50 por ciento de la inversión realizada en Brasil.

Japón también puede ser un socio fundamental para los agentes de los sectores público y privado de ALC que tratan de utilizar la inteligencia artificial (IA) para soluciones de educación o del mercado laboral y para facilitar el acceso a la financiación y los servicios de salud. Como señaló Tetsuro Narita del Laboratorio del BID el 2 de diciembre, la inteligencia artificial es prometedora para la región, pero debe gestionarse para garantizar una gran inclusión socioeconómica. Japón, entre otras naciones, ha tratado de asegurar la aplicación ética de las tecnologías y el manejo cuidadoso de los datos, mediante, por ejemplo, una serie de directrices de investigación y desarrollo de la IA presentadas en el 2017 en la Conferencia del Ministerio del Interior y Comunicaciones hacia una Sociedad de la Red de Inteligencia Artificial, las cual instan a la elaboración de políticas públicas alrededor del desarrollo de la IA basadas en principios sólidos. De hecho, iniciativas japonesas como la Sociedad 5.0, que tienen como objetivo utilizar la tecnología para reinventar la sociedad y establecer el precedente para las sociedades «súper inteligentes» en todo el mundo, han hecho de Japón un líder mundial en la adopción de la IA. Particularmente, la iniciativa Sociedad 5.0 se centra, entre otras cosas, en aumentar la productividad de la población envejeciente del país mediante la digitalización de la infraestructura, las finanzas, la atención de la salud y la logística.

Suponiendo que las empresas japonesas sigan centrándose en el desarrollo de cadenas de suministro resilientes mediante la diversificación de sus fuentes de suministro y producción, puede haber nuevas oportunidades para la asociación entre el Japón y América Latina y el Caribe en industrias clave. De hecho, Japón ya ha trabajado durante muchos años en integrar la industria de ALC en sus cadenas de valor mundiales (CVM) mediante inversiones específicas y cooperación técnica. Como indicó Martín Rama del Banco Mundial en nuestro evento, «el tipo de esquema que funcionó con esos Hondas y las Panasonics en el pasado es algo que pueda ser considerado como parte de la diversificación de las cadenas de suministro mundiales».

Garantizando máxima cooperación

Independientemente del compromiso del Japón, la región de ALC tendrá que trabajar para maximizar la participación de los japoneses y otros asociados. Los mercados que se mantienen excesivamente protegidos siguen siendo un impedimento para la inversión, ya sea por parte de empresas japonesas o de otros países. Como señaló Martín Rama, aunque las políticas de sustitución de importaciones han terminado formalmente «los intereses de actores que son acogidos por los gobiernos… pueden mantener la competencia a su favor, para mantenerse [a sí mismos] protegidos». Teniendo esto en cuenta, cualquier acuerdo futuro debe ir más allá del comercio, centrándose en la competencia, los subsidios, las empresas estatales y los derechos de propiedad intelectual.

Para Tadashi Omatoi de Mitsubishi, el mayor desafío para la inversión japonesa en ALC es el grado de inestabilidad política y social de la región. Esto ha sido durante mucho tiempo un problema para los inversionistas, pero debido a los efectos del Covid-19, que han tenido un gran impacto económico y político sin precedentes, y han agravado así las deficiencias estructurales de la región que existen desde hace décadas, es probable que se produzca una mayor inestabilidad política y social en los próximos meses y años. Será difícil para los gobiernos mitigar muchos de los efectos del Covid-19, pero como recomendó Ana Novik de la OCDE», en el actual contexto de incertidumbre y tendencias proteccionistas crecientes», las naciones de ALC deben como mínimo aumentar la transparencia de los procedimientos gubernamentales, simplificar las licencias y automatizar los procedimientos. Esto ayudaría a incentivar a los japoneses y a otros inversores establecidos y potenciales en la región, así como también capitalizar la probable promoción del sector privado japonés y el compromiso de la JICA con la región, «una vez que bajen las tasas de infección por Covid-19», como predijo Yoshida de la JICA.

No obstante, nuestros panelistas resaltaron el continuo interés de Japón en participar en la región de ALC en los próximos meses y años, ya sea mediante la asistencia para el desarrollo, como inversionistas en determinados sectores económicos, como la energía verde y la infraestructura digital, o incluso en coordinación con los Estados Unidos. Japón por sí solo no va a poder satisfacer el déficit de inversión y financiación que la región sufre, pero gran parte de la actividad prevista por Japón apoyará a la recuperación sostenible de ALC.


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