El contexto de la reforma constitucional en Chile: La experiencia internacional comparada

Moderator: Michael Camilleri Photos: Diego Correo / Flickr / CC BY 2.0;

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El 5 de octubre, el Diálogo Interamericano convocó el evento virtual, «El contexto de la reforma constitucional en Chile: La experiencia internacional comparada», parte de una serie de eventos relacionados con el proceso de la reforma constitucional en Chile y convocado junto con Washington School of Law at American University, CSIS Americas, International Republican Institute, National Democratic Institute y el National Endowment for Democracy. El webinar contó con las palabras de apertura y moderación de Michael Camilleri, director del Programa de Estado de Derecho Peter D. Bell del Diálogo, y análisis de Sergio Bitar, político y académico chileno e investigador senior del Diálogo, Alexandra Huneeus, profesora de la Universidad de Wisconsin Law, Catalina Botero, decana de la facultad de derecho en la Universidad de los Andes en Bogotá, y Carlos Ayala, miembro del Comité Ejecutivo de la Comisión Internacional de Juristas y profesor de derecho constitucional y derechos humanos en Venezuela.

La conversación empezó con comentarios de Sergio Bitar, quien apuntó que la pandemia de la Covid-19 sirve como un segundo marco político, junto con fuerzas sociales y económicas que impulsaron la demanda por reforma constitucional. Para Bitar, la pandemia introduce una oportunidad de abordar las cuestiones que no habían surgido previamente, como fondos de emergencia para familias, limites en el papel de las fuerzas armadas en estados de emergencia, la formación de un nuevo contrato social y un desarrollo económico sostenible en la pos-pandemia. Adicionalmente, hay tres condiciones y expectativas que necesitan ser cumplidas para tener una reforma constitucional exitosa: 1) un proceso gradual sin expectativa de cambio radical; 2) una perspectiva optimista del futuro; y, 3) colocación de personas en posiciones de liderazgo que sean capaces de crear coaliciones que incluyan a la oposición y a otros grupos marginados. Bitar enfatizó que ya hay un «cambio de conciencia» en Chile que facilita esta reforma, sin embargo, es necesario hacer esfuerzos para aislar perspectivas extremistas, crear espacios para el diálogo para construir una visión común, y defender derechos humanos para asegurar el éxito del proceso. 

Alexandra Huneeus planteó un conjunto de consideraciones para reflexionar mientras Chile atraviesa el proceso de reforma constitucional: 1) el papel que deben jugar los derechos humanos y la ley internacional en la reforma; 2) la evolución de las consideraciones de derechos humanos que distinguen de los presentes en la década de 1980; y, 3) el hecho de que Chile nunca ha aceptado la idea de control de convencionalidad. Huneeus elaboró sobre estas tres consideraciones diciendo que las reformas deben continuar la adherencia a tratados internacionales que fueron reconocidos previamente. Huneeus también agregó que debe haber un papel claramente definido para la interpretación de la constitución por parte de los jueces y citando al abogado chileno Fernando Atria, otorgarle a los jueces chilenos el poder de revisión judicial «es similar a que una víctima le entregue un martillo a su abusador». Además, ella enfatizó que la nueva constitución se ha formado en un contexto donde hay una base de diálogo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos que no estaba en efecto durante la constitución previa. Esta relación, a su vez, facilita la integración de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y la ley internacional en la constitución. 

Ofreciendo el contexto colombiano, Catalina Botero contó que la Constitución colombiana de 1991 fue creada durante un periodo de alta fragmentación, y bajo la Constitución de 1886 esto no permitió constitucionalidad. A pesar de esto, una asamblea constitucional fue creada, convocada por un grupo de estudiantes que podían incorporar las voces de grupos indígenas, mujeres e iglesias salvo la iglesia católica, en crear una voz plural. Botero señaló que esa decisión rompió con la práctica común de los gobiernos de crear constituciones como parte de sus proyectos políticos, así como de colocar a las personas en lugar de los cuerpos de autoridad en el centro de la constitución. Para Botero, «la mejor constitución es aquella que sirve a la mayoría para gobernar, pero también sirve a la minoría para presentar su oposición». Al colocar al pueblo en el centro, la constitución colombiana pudo crear fuerte protección institucional de derechos fundamentales emparejado con órganos y funcionarios judiciales que «tomaron la constitución en serio». En cuanto a los errores de los que aprender, Botero destacó la necesidad de delinear cuidadosamente la elección de altos comisionados para la protección de las instituciones a fin de que el proceso no se politice. También es importante la mitigación de la impunidad dentro de las fuerzas armadas, dado que el diseño de los tribunales militares en Colombia no era adecuado para atender a las violaciones de derechos humanos causados por sus oficiales. 

Carlos Ayala señaló el simbolismo de la nueva constitución como un significante de una nueva época y enfatizó el carácter complejo de reformar una constitución en tiempos de crisis. Dadas las lecciones aprendidas de la Constitución venezolana en 1999, advirtió contra la posibilidad de que los líderes políticos «hayan secuestrado» la constitución para su beneficio político. Ayala afirmó que la nueva constitución debería ser una «caja de rayos X del pueblo», aludiendo a la necesidad de reflejar la voluntad del pueblo. Es decir, dado que solo hay unos meses previstos para redactar la reforma constitucional, el proceso debe incluir una alta participación de la sociedad civil, un consenso general y un liderazgo fuerte. A diferencia de Venezuela, donde la reforma fue impulsada por un referéndum que no llegó a un consenso, Ayala afirmó que el proceso chileno debe llegar a un consenso inclusivo para asegurar la longevidad de la nueva constitución. Además, Ayala agregó que este período de reforma ofrece la oportunidad de adoptar un nuevo enfoque creativo para incorporar los marcos internacionales de derechos humanos en la nueva constitución.

El evento virtual finalizó con preguntas de la audiencia sobre los obstáculos que plantea la pandemia en este proceso de reforma constitucional, la capacidad de un estado aún en desarrollo para cumplir las promesas constitucionales y el papel de las comunidades indígenas en la reforma. Los panelistas enfatizaron otra vez la necesidad de un liderazgo fuerte, inclusividad y prevención de la politización del proceso de reforma constitucional para lograr el éxito a corto y largo plazo.

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