¿Cómo ayudar mejor a la democracia en Venezuela?

President Donald J. Trump welcomes Interim President of the Bolivarian Republic of Venezuela Juan Guaido Wednesday, Feb. 5, 2020 The White House

La gira internacional de Juan Guaidó por Europa y América ha terminado esta semana en la Casa Blanca, desde donde se impulsó hace un año su reconocimiento internacional. En este tiempo no ha habido elecciones democráticas en Venezuela ni conversaciones productivas entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición. Lo que sí ha habido es un masivo éxodo de venezolanos, una generalizada escasez de alimentos y medicinas, sanciones a miembros del régimen e infructuosos intentos de mediación internacional. ¿Ha primado la opinión sobre la comprensión de lo que sucede en Venezuela? Preguntamos a los expertos: ¿Podríamos haberlo hecho mejor?

Michael Shifter comentó para este artículo de Política Exterior junto a Ivan Briscoe, Sergio Maydeu-Olivares, Áurea Moltó, Érika Rodríguez Pinzón y Francisco Sánchez. 

Comentarios de Michael Shifter: 

“La respuesta de la comunidad internacional a la ruptura de la democracia en Venezuela y a la terrible crisis humanitaria fue decepcionantemente lenta. Durante el gobierno de Hugo Chávez ya había señales inconfundibles y preocupantes de la profundización del autoritarismo y, sin embargo, la reacción fue modesta, en el mejor de los casos. La preocupación ha aumentado con la llegada de Nicolás Maduro a la presidencia, en gran parte porque la represión es aún mayor –como ha documentado ampliamente Naciones Unidas en su informe sobre derechos humanos de julio de 2019– y por la escalada del desastre humanitario en el país y la crisis de refugiados, sin precedentes en el hemisferio occidental.”

“Sin duda, la administración de Donald Trump merece crédito por haber estado al menos del lado correcto del problema e intentar trabajar con los vecinos de Venezuela. Pero ha cometido graves errores. Su confianza hace un año en que la capacidad del presidente interino, Juan Guaidó, de unir a la oposición y movilizar a un gran número de venezolanos derivaría en un apoyo de las fuerzas armadas y, por tanto, condenaría a Maduro al fracaso tuvo un alto coste. Sus repetidas referencias a que “todas las opciones están sobre la mesa”, señalando implícitamente a un posible uso de la fuerza, así como las amenazas directas al ejército venezolano fueron contraproducentes. Era predecible que el ejército no cediera ante ninguna potencia extranjera, especialmente EEUU. Además de buscar con determinación una solución política a la crisis, es urgente llevar a cabo un esfuerzo internacional más sólido para abordar la catástrofe humanitaria y la crisis de refugiados, que en 2020 podría superar los números de Siria.”

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