Santos y Washington: ¿Una época diferente?
By Michael Shifter
El Colombiano, July 6, 2010
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Mientras se habla tanto de la continuidad entre los gobiernos de Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, tal vez lo más impactante hasta ahora son las diferencias entre el titular y el Presidente electo. Estas diferencias, si no en política por lo menos sí en estilo y tono, serán beneficiosas para Santos a medida que procure seguir la agenda de su país en Washington.
Uribe será recordado como un presidente exitoso que produjo resultados significativos y tuvo un sentido único ante el ánimo nacional. Pero Uribe frecuentemente ha sido una figura polarizante, tanto en Colombia como en la región. Para él, fortalecer las instituciones democráticas de Colombia a largo plazo ha sido menos importante que responder y satisfacer las demandas inmediatas de los ciudadanos, sobre todo en el área de seguridad.
Aunque Santos se ha comprometido a seguir con las políticas de seguridad y económicas de Uribe, desde ya está demostrando un temperamento e instinto políticos diferentes.
La llamada repetida de Santos a la "unidad nacional", su inclinación por el diálogo y su preocupación por preservar los partidos políticos y respetar la separación de poderes contrasta fuertemente con la preferencia de Uribe de saltarse a los partidos, desafiando a las cortes cuando no está de acuerdo con ellas, y apelar directamente al "pueblo". En este sentido, Santos está creando cierta distancia con respecto al más combativo presidente actual.
Claro que es demasiado temprano para saber si Santos será o no capaz de mantener semejante enfoque cuando se presenten crecientes presiones y retos domésticos. Pero su política más conciliatoria y su tono mesurado conducirán más hacia el manejo de una agenda amplia que va más allá de la seguridad y será bienvenida por los vecinos de Colombia y Washington. Su nombramiento de María Ángela Holguín, una profesional y pragmatista consumada, a la Cancillería, es una señal alentadora.
Los gestos de buena voluntad por parte de Rafael Correa y hasta de Hugo Chávez ofrecen algo de optimismo, pero también ameritan cautela. No es claro si ellos llevarán a mejores relaciones con los vecinos de Colombia, a veces no tan amistosos. Santos fue muy prudente durante su campaña y ha insistido en que quiere arreglar las cosas con Correa y Chávez.
A pesar del comienzo prometedor, las agendas políticas y la subyacente falta de confianza no desaparecen de un día para otro y serias tensiones podrían resurgir fácilmente.
En el manejo de sus asuntos con Washington, Santos tendrá que responder a preocupaciones que permanecen entre algunos legisladores demócratas en cuanto a los escándalos asociados con el gobierno de Uribe. Él alegará que trató de corregir los abusos en el escándalo de los "falsos positivos" y que no tuvo responsabilidad alguna en las interceptaciones ilegales del DAS a opositores políticos. Santos es más sensible a la opinión pública internacional que Uribe y se espera que tenga mayor habilidad para manejar las preocupaciones en Washington, una ciudad que conoce muy bien.
Lo más probable es que Santos no siga contando con el apoyo de Washington para la aprobación del Tratado de Libre Comercio (firmado hace cuatro años) y asistencia extendida en materia de seguridad y desarrollo. Probablemente buscará alianzas económicas y políticas más sólidas con Perú, Chile, México, Brasil, y por supuesto Asia, en particular China. Estados Unidos en este momento está manejando serios problemas políticos internos, una variedad de prioridades de política exterior y serias limitaciones en cuanto a presupuesto, por lo que no es precisamente el aliado más confiable en estos días.
Las relaciones entre Bogotá y Washington desde hace mucho tiempo han estado marcadas por el progreso pero también por algo de frustración. Es difícil predecir cómo serán durante el periodo de Santos. Pero hay indicios de que el próximo presidente de Colombia por lo menos disminuirá la retórica y adoptará un estilo más conciliatorio.