En América Latina hay un despertar del tema del liderazgo educativo. Si hace solo unos años era una dimensión marginal y desconocida de la gestión de las escuelas, hoy se ha ido convirtiendo crecientemente en una palanca considerada imprescindible para la mejora educativa.

Una cada vez más abundante y precisa investigación, realizada en diferentes rincones del mundo, ha sido determinante para “ponerle nombre” y valorizar debidamente los procesos de influencia generados por los líderes al interior de los centros educativos. Así ha podido constarse cómo el liderazgo permite a las comunidades escolares desarrollar su proyecto educativo, potenciar su confianza e identidad colectiva, cohesionar a sus distintos estamentos (directivos, docentes, alumnos y familias), aumentar las expectativas sobre los resultados alcanzables, avanzar en el desarrollo de la docencia de aula y en el trabajo profesional entre docentes, y activar a los alumnos y alumnas (así como a sus familias) como actores irremplazables del proceso formativo.

Sin embargo, la noción de liderazgo educativo no es unívoca ni fácil de aprehender. No falta el debate académico ni las tomas de posición, a veces divergentes y controversiales, sobre la materia.   El  libro “Liderazgo Educativo en la escuela: nueve miradas”, del Centro de Desarrollo del Liderazgo Educativo (CEDLE) de Chile, publicado por Ediciones UDP (Chile), muestra esta densidad intelectual que atraviesa el tema hoy, de manera que un lector o lectora interesado en el tema pueda navegar en aquella y entender comprehensivamente algunos de sus principales puntos de referencia. Huelga decir que esta complejidad puede ser vista como riqueza, en que distintas aproximaciones permiten iluminar ámbitos del fenómeno del liderazgo que sino quedarían relegados a la penumbra y el silencio.

El libro se inicia con un capítulo del reconocido académico Tony Bush de la Universidad de Nottingham (Inglaterra), que busca mostrar la diversidad de modelos de liderazgo educativo que se han establecido en la vasta producción académica sobre este tema. Esta visión panorámica sirve para ordenar conceptualmente muchas de las visiones del liderazgo dentro de las escuelas, mostrando sus distintos focos de interés, así como los diversos actores que lo encarnan.  Es relevante destacar que el profesor Bush muestra críticamente los diferentes enfoques, en sus aciertos y desafíos, así como plantea que estos modelos conceptuales, que aparecen tan diferenciados en la teoría, suelen darse de manera combinada en la realidad del liderazgo de carne y hueso en los establecimientos escolares.

Los siguientes capítulos del libro se enfocan en distintos enfoques sobre el liderazgo educativo. Algunos de ellos retoman (y profundizan) ciertos modelos planteados por Tony Bush –como ocurre en los casos del liderazgo para el aprendizaje, transformacional, moral y distribuido-, mientras que otros abordan en profundidad nuevos temas que han emergido en este campo de estudio, tales como el inclusión, la sostenibilidad o el constructivismo.

El artículo de la profesora de la universidad de Auckland (Nueva Zelanda) Viviane Robinson toma partido porque el liderazgo de los adultos dentro de la escuela debe tener como norte orientador a los estudiantes: lo que finalmente importa son las consecuencias de las decisiones y acciones de los líderes en los alumnos y alumnas, más que la satisfacción o confort de los adultos.

La académica Jingping Sun, de la universidad de Alabama (USA), realiza una exhaustiva revisión del conocimiento acumulado en torno al liderazgo transformacional –que sería el enfoque que cuenta con el mayor número de estudios empíricos realizados y que ha tenido una fuerte incidencia en las políticas de fomento del liderazgo directivo escolar (fundamentando, por ejemplo, la definición de estándares de desempeño por parte de muchas autoridades educativas).

Los académicos David Giles y Carolina Cuéllar, de las universidades de Flinders (Australia) y Diego Portales (Chile) respectivamente, presentan un artículo centrado en el liderazgo ético. En esta aproximación, es esencial relevar los principios, creencias y valores morales que son propugnados por el líder, y que superan de lejos las meras competencias técnicas que éste puede poseer. Este liderazgo está basado en una genuina preocupación por los demás, siendo las personas y las relaciones el centro de su quehacer, así como la búsqueda del desarrollo integral y humanista de los estudiantes.

La aproximación hacia el liderazgo basada desde una perspectiva distribuida es desarrollada por los académicos de la universidad de Northwestern (USA), James Spillane y Melissa Ortíz–siendo necesario recordar que el profesor Spillane ha sido uno de los padres fundadores de esta emergente corriente. En este enfoque es clave dejar de considerar el liderazgo como una actividad desarrollada en solitario por una persona (el director o directora) y visualizar la labor de liderazgo que realizan múltiples personas, tengan o no cargos formales en la estructura de autoridad imperante en la escuela.

El siguiente artículo, del profesor James Ryan de la universidad de Toronto (Canadá), se focaliza en un objetivo específico para el liderazgo: la inclusión dentro de las escuelas, que forma parte del propósito mayor de lucha contra las injusticias socio-educativas. El liderazgo inclusivo busca producir un resultado particular: la inclusión, buscando que las personas tomen conciencia de las prácticas excluyentes y trabajen conjuntamente para cambiarlas.

El experto canadiense Dean Fink aborda otro tema crítico del liderazgo (y de la mejora escolar): su sostenibilidad en el tiempo. La sostenibilidad–que es, hoy por hoy, uno de los desafíos centrales de la sociedad, con un medio ambiente amenazado seriamente por la acción depredadora del hombre y con la necesidad imperiosa de buscar modelos de desarrollo económicos y sociales sustentables–tiene también su expresión en el ámbito educativo y el liderazgo tiene una responsabilidad al respecto.   

En el siguiente capítulo, la académica Linda Lambert de la universidad estatal de California, East Bay (USA), desarrolla la aproximación hacia el liderazgo de la cual ella misma ha sido fundadora: el liderazgo constructivista. Este enfoque proclama que el liderazgo se gesta al interior de una comunidad y que todas las personas tienen el derecho, las capacidades y la responsabilidad de liderar –siendo el liderazgo una empresa compartida, en la que no existen los “seguidores” sino que los participantes.

En su último capítulo, el libro se propone ofrecer una mirada diferente. Más que sumar un nuevo enfoque respecto del liderazgo educativo, el esfuerzo del académico de la universidad de Tel Aviv (Israel), Izhar Oplatka, se centra en calibrar el aporte de estas conceptualizaciones para los países llamados en desarrollo,  y en particular para América Latina.  Su postura es la de abogar por la creación de un campo de estudio de la gestión educativa específicamente orientado  a los contextos educativos latinoamericanos y a criticar la adopción ciega de conceptos importados y teorías foráneas.

En suma, este libro ofrece una panorámica sobre el liderazgo educativo y  debiera ser de mucha utilidad para los directivos escolares, así como para los programas formativos en liderazgo educativo que hoy se dictan en Latinoamérica. La bibliografía de referencia existente en español es exigua y muchas veces poco actualizada, por lo cual los artículos incluidos podrán aportar novedad y riqueza para reflexionar sobre las mejores maneras de potenciar ese recurso estratégico y poderoso para la mejora escolar (¡y tantas veces subutilizado!) que es el liderazgo.

 José Weinstein es profesor titular de la Universidad Diego Portales, Chile, y editor del libro “Liderazgo educativo en la escuela: nueve miradas.” Además es uno de los miembros de la Comisión para la Educación de Calidad para Todos, una iniciativa del Diálogo Interamericano.